A Fraga Vella, un paraíso virgen entre Abadín y Mondoñedo

En un valle entre montañas, Medio Ambiente mantiene una finca de 700 hectáreas con numerosos ciervos


A Fraga Vella es un recóndito valle entre las montañas de Abadín y Mondoñedo, cuyo territorio se reparte entre las parroquias de Labrada y Os Remedios. Muy próximo a O Valadouro y también a Muras. Llegar allí constituye de por sí una preciosa excursión de casi media hora desde Gontán tomando la carretera LU-0101 hacia Labrada. Después de entrar en el termino municipal de Mondoñedo y dejar atrás el último lugar habitado, Estelo, la carretera se adentra en un valle virgen, cuyas cumbres más altas se acercan a los mil metros de altitud, y en cuyos valles perviven turberas llenas de agua que se vierten a innumerables regatos que luego van hacia el río Arnela o hacia Abadín para alimentar la cuenca del Miño. Laderas con grandes robledales, acebos y bosques de ribera, además de pinares autóctonos y grandes praderas donde pastan vacas, algunos caballos y ciervos.

La finca, de la Consellería de Medio Ambiente, tiene unas 700 hectáreas de extensión y dentro de ella hay una parte de bosques, de 60 hectáreas, en la que viven en libertad una manada de ciervos que la consellería vigila y controla como reserva cinegética. Una valla de varios kilómetros impide que excursionistas, cazadores o vecinos cercanos entren en esa zona boscosa, y por tanto los ciervos no abandonan aquellos bosques. Además, los agentes de Medio Ambiente del distrito de A Mariña tienen bajo su responsabilidad el control y vigilancia de esta reserva de bosques y animales en libertad. Una peón forestal de la consellería, Carmen Pérez, es la encarga de limpiar y vigilar la finca, e incluso de depositar cereales en los bosques de los cérvidos en las épocas de menos alimento. Unos galpones que en su día fueron granjas experimentales de vacuno son hoy la base de trabajo desde la que se controla la finca.

Cuatro caballos que pastan en libertad todo el año mantienen la finca limpia y las vacas de vecinos de la zona aprovechan algunos pastos aunque sean de la Xunta. Jabalíes en cantidad a juzgar por el terreno hozado, grandes pedruscos graníticos salpicados por todo el valle, silencio casi absoluto porque no hay presencia humana en varios kilómetros a la redonda... En fin una finca de la Xunta, y también un paraíso.

Un lugar perfecto para centro de interpretación y visitas de escolares

miguel cabana

La finca de A Fraga Vella sería el lugar prefecto para ubicar un centro de interpretación en el que tanto escolares como expertos y público en general podrían visitar una zona de montaña muy virgen y que tiene gran interés tanto desde el punto de vista botánico, como paisajístico y por los animales que ahora viven allí. Por ejemplo, aunque el ciervo es una especie que habitó en su día en los bosques gallegos, y por tanto se puede considerar autóctona, ya es muy raro verlo en Galicia, excepto en la cordillera de Os Ancares o los macizos de Ourense. Sin embargo, en A Fraga Vella vive un rebaño considerable con varios machos, que son todo un espectáculo en la época de la berrea. Con prismáticos se pueden ver en determinados momentos del día sin entrar en la zona vallada. Y en caso de abrir un centro de interpretación, sería una visita única en Galicia: una manada de ciervos salvajes dentro de un enorme bosque autóctono.

Fauna abundante

Pero además, en la finca de A Fraga Vella existe una gran variedad de pájaros y de aves acuáticas porque cuenta con muchos cursos de aguas cristalinas que nacen de las lluvias de la montaña o de las nieves de invierno. Es fácil ver jabalíes, patos, zorros, e incluso observar excrementos de lobo.

La lejanía de pueblos habitados y la altitud de las montañas que rodean el valle, en pleno macizo montañoso que hace de barrera entre A Mariña y A Terra Chá, convierten A Fraga Vella en un reducto a salvo de ruidos de vehículos, de la actividad agrícola, con praderas naturales y bosques centenarios. Además, es una zona muy ventosa y con un grado de humedad y lluvias elevado, tanto por las nieblas como por las barreras de nubes, ambas provenientes del Cantábrico, que el viento del nordés arrastra y aplasta contra las cumbres de los montes, propiciando frecuentes lluvias.

El terreno es muy abundante en turberas que guardan el agua como auténticas esponjas durante todo el año, y que luego van surtiendo a los pequeños riachuelos que parten de estas montañas. Esta alta pluviosidad y los bosques sombríos provocan que también sea una zona con abundantes especies de setas, que atraen a recolectores aficionados y a senderistas.

Por otra parte, la finca cuenta con media docena de galpones que solo en parte son utilizados por los agentes forestales y la peón forestal que cuida la finca. En un futuro podrían servir para ubicar un centro de interpretación sin hacer construcciones de nuevo cuño.

Carmen Pérez, peón forestal que coida a finca: «O meu raposo come cocido moitas veces»

Carmen Pérez foi a primeira muller en aprobar a oposición a peón forestal da Xunta en Lugo, e hoxe segue sendo unha das poucas mulleres en Galicia nun posto así. Inicialmente traballou nunha brigada de plantación e desbroce con outras seis mulleres, pero durante os últimos once anos encargouse da limpeza e vixilancia da finca A Fraga Vella, da Consellería de Medio Ambiente. Está namorada do traballo e do lugar, e especialmente da manada de cervos que viven nos bosques da finca.

-¿Qué coidado necesitan os cervos?

-Miro que o xabaril non rompa o valado para que ninguén entre ou que os cervos teñan a tentación de saír. Tamén lles traio cereais case todos os días e ás veces incluso restos de pan ou verduras para complementar a súa dieta.

-¿É doado velos?

-Dende lonxe con binoculares pódense ver cando saen do bosque e pastan nos prados. Pero de cerca é imposible, porque se detectan a presenza humana escóndense no bosque. Eu podo achegarme a poucos metros no meu coche, porque están afeitos a velo todos os días, e se levo alguén dentro do vehículo tamén os ve, como fixestes vós. Pero sen baixarse deste coche. E incluso se o cambio por outro, xa non veñen.

-Tamén recoñecen a súa voz.

-Si, porque lles falo dende o coche todos os días. Pero ninguén máis. Nin os compañeiros que son axentes medioambientais da Mariña, aínda que están frecuentemente na finca comigo, porque somos como unha familia.

-Vostede fálalles como se fose o seu rebaño

-Si. Forman parte da miña vida porque os vexo todos os días e eles xa esperan por min. Cando algún morre, sufro moito, pero aquí estou moi feliz todos os outros días. Creo que sería un lugar marabilloso para que os colexios trouxesen aos alumnos aquí para coñecer e respectar a natureza.

-Vive rodeada de animais

-Por suposto! Isto é o paraíso. E coido de todos. Hai un raposo que se achega por aquí casi a diario e se queda mirándome desde uns cincuenta metros. E como é tan bon, chámolle o meu raposo, e come cocido moitas veces. (risas). Outro día atopámonos un lobo e eu de fronte. El fixo unha mueca cos dentes ao verse sorprendido, e eu agora digo que me sorriu. (risas)

«No verán isto ponse precioso, todo de color amarelo polas flores que cubren a finca»

«Atopámonos o lobo e máis eu de fronte por sorpresa a poucos metros. Eu digo que me sorriu»

Un valle de turberas y sin contaminación

La finca de A Fraga Vella es un valle con gran cantidad de turberas, esas acumulaciones de vegetación descompuesta durante centurias que forman una especie de tierra esponjosa que se impregna de agua y la va soltando con el paso de los meses. Las turberas también guardan en su interior los restos de material vegetal e incluso fósiles de miles de años atrás, y por ello son como un depósito de historia que conviene respetar y no cavar. Es otra de las características que hacen de A Fraga Vella un lugar especial.

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