Odisea en la frontera con Asturias: «La vida está paralizada desde hace meses»

María Guntín
María Guntín A FONSAGRADA / LA VOZ

A FONSAGRADA

Patricia Pérez tiene el último restaurante en suelo asturiano que hay antes de entrar en Galicia
Patricia Pérez tiene el último restaurante en suelo asturiano que hay antes de entrar en Galicia MANUEL

«Nos afecta más el cierre perimetral que la pandemia», dicen en Grandas de Salime

24 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A 13 kilómetros de la frontera gallega pero en territorio asturiano, los vecinos de Grandas de Salime se han acostumbrado a vivir situaciones que tropiezan de frente con la razón. El cierre perimetral solo aliviado en Navidad ha complicado la convivencia en este límite marcado por la naturaleza abrupta de la montaña fonsagradina y por el embalse de Salime, que ocupa terrenos de las dos comunidades autónomas.

En Grandas, cuentan los vecinos que recorren «kilómetros a lo tonto» para ir al supermercado porque aunque el más cercano es el de A Fonsagrada, no pueden atravesar la frontera con motivo de las restricciones, por lo que se ven obligados a hacer, en ocasiones, más de 40 minutos de coche para sacar a flote los recados cotidianos. En Grandas viven algo más de 800 personas que, siendo asturianas, estaban acostumbradas a una vida que transcurría a caballo entre dos comunidades autónomas. «A mí si me preguntas te digo que soy medio gallego y medio asturiano. Todos hacemos los quehaceres en A Fonsagrada», decía un residente hace apenas unos días.

El Restaurante La Parrilla es el último lugar en el que comer en suelo asturiano que aparece antes de traspasar la frontera hacia Galicia. En pleno Camino Primitivo, en la salida de Grandas de Salime hacia A Fonsagrada, la vida es un transcurrir constante de gente, especialmente a mediodía. Su propietaria, Patricia Pérez, analiza cómo le afecta el cierre perimetral impuesto por la Xunta hace meses: «A los de Oviedo no les perjudica porque lo tienen todo a mano, pero a nosotros sí. Hasta que empezó la pandemia el restaurante se llenaba de gallegos y asturianos, pero con las restricciones, la vida está paralizada desde hace meses», relata.

«Aquí no hay frontera marcada. No podemos ir a A Fonsagrada que está a 15 minutos y tenemos que conducir hasta Vegadeo, que está a casi una hora», cuentan los clientes de este restaurante, que también explican que los vecinos de Grandas realizan los trámites cotidianos en A Fonsagrada. La interrelación se sucede desde hace décadas, «estamos conectados, tenemos las mismas costumbres y los mismos hábitos. El comercio de ambos ayuntamientos está interconectado, si no podemos pasar, nos fastidian a todos», constatan. Y es que hasta los niños de Grandas estudian en el colegio fonsagradino.

En La Parrilla explican también que estuvieron cerrados del cuatro de noviembre al 14 de diciembre. «Sin embargo, aquí afecta más la limitación perimetral que el coronavirus porque apenas hubo casos y los que aparecieron fueron todos importados», explica Patricia Pérez.

Un vecino de Grandas:  «Soy asturiano, pero hacía muchas de las compras en A Fonsagrada»

Pedro Riopedre va a comprar a Cangas, a casi una hora en coche.
Pedro Riopedre va a comprar a Cangas, a casi una hora en coche. MANUEL

Pedro Riopedre nació y vive en Grandas de Salime, «soy asturiano, pero hacía muchas de las compras en A Fonsagrada. Desde que empezó la pandemia solo fui a una cita del dentista. Ahora tengo que comprar en las pequeñas tiendas que hay aquí o ir, por ejemplo, a Cangas de Narcea, que está a una hora en coche. Riopedre cuenta que en este concejo la pandemia la han llevado mejor que en las ciudades, «hay campo, podemos salir y respirar. Yo encerrado en casa apenas estuve porque trabajé siempre, o incluso más que nunca», sentencia.