La imponente Seimeira de Vilagocende también se ve menguada por la sequía

La cascada, de 54 metros de altura, es la segunda más alta de Galicia


lugo / la voz

Otro de los espacios naturales de la montaña de Lugo que ha ganado protagonismo y visitantes en los últimos años ha sido la Seimeira de Vilagocende, en A Fonsagrada. Su espectacular cascada de 54 metros de altura, la segunda más alta de Galicia, deja imágenes y sonidos para el recuerdo de cualquier visitante, especialmente en los meses con más lluvias. Este verano, debido a la ausencia de precipitaciones, apenas bajan unos hilos del caudal del río Porteliña, sin que se produzcan las habituales salpicaduras o el estruendo del agua cuando choca contra las piedras. A cambio, eso sí, permite al visitante acercarse a una fervenza que en condiciones normales es casi imposible.

Debido al incremento de visitantes en los últimos años tanto desde el Concello como desde la Diputación realizaron pequeñas acciones que facilitan al turista o al senderista una visita más cómoda a este paraje natural.

Para llegar a ella, una vez que se pasa A Fonsagrada por la LU-530, si se va en dirección Asturias, hay que desviarse a la derecha, a la altura de la iglesia parroquial, y seguir siete kilómetros por la carretera LU-721 hasta pasar O Fito donde ya encontraremos un pequeño cartel informativo sobre la Seimeira de Vilagocende.

Aquí, se habilitó un aparcamiento para poder estacionar los vehículos (una docena al menos), así como el desmonte y ensanche de la zona para que los autocares de los excursionistas o visitas de escolares puedan maniobrar. La inversión fue de unos 20.800 euros, y cubrió el acondicionamiento de un kilómetro del camino a la fervenza, ampliando la senda y echándole zahorra.

Y es que desde que se aparca el coche y hasta la cascada, el camino (donde una señal ya advierte que no se puede realizar en vehículo) es cómodo y apto para todo tipo de edades. En el tramo final hay habilitado un pasamanos ya que se estrecha la senda, pero no supone ningún peligro. Junto a la Seimeira hay un puente para poder cruzar, aunque este mes, por el poco caudal del río, se pueden andar por las rocas que habitualmente están ocupadas por la caída libre del agua.

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