Los últimos «teitados» de paja

Con la pérdida de los hórreos desaparecen también los oficios ligados a ellos y en A Fonsagrada ya no queda nadie que se dedique cambiarles la cubierta


El coste económico, la laboriosidad y, sobre todo la dificultad para conseguir algunos materiales básicos y personas que conozcan la técnica hacen casi inviable el mantenimiento del teitado o techumbre de los hórreos de tipología asturiana que también eran tradicionales en la comarca fonsagradina y en otras zonas altas. Con unas subvenciones mínimas solo para los de paja, son escasísimos los que tienen la cubierta renovada con este material. Pero incluso con pizarra resultan costosos, aunque en este caso el material y el el personal capacitado no constituyen un problema.

Herminio Álvarez, un fonsagradino que ya renunció a conservar el existente en la casa paterna de A Pobra de Burón, pone de manifiesto la dificultad de calcular cuánto puede costar actualmente todo el proceso de sustitución de la paja pero, en todo caso, son bastantes miles de euros.

Cuando se hacía todo según el procedimiento tradicional, la cubierta de paja de un hórreo podía durar hasta 20 años. Sin embargo, dice que ahora puede que no alcance ni los 10 debido a la menor calidad de la materia prima. En el municipio ya no se siembra centeno, que es la paja ideal para las cubiertas. Además, requería una manipulación cuidadosa y al margen del resto. Antes de colocarla en el hórreo se ataba en colmos o haces que pesaban hasta 30 o 35 kilos, y se necesitaban alrededor de un centenar para uno de cerca de 50 metros cuadrados.

En los pocos casos que se utiliza, ahora es paja procedente de Castilla, de una calidad mucho peor, tanto por el tipo de cereal como porque es sometida a las máquinas cosechadoras, que la aplastan y dañan. Para colocarla ya solo es posible recurrir a un experto asturiano, de la zona de Ibias.

Herminio Álvarez dice que podría cubrir un hórreo porque lo vio hacer y ayudó en varias ocasiones a su padre. Sin embargo el técnico en su casa es el progenitor, Serafín, que con casi 90 años ya no puede subirse al hórreo. «Incluso a min me custaría moito traballo, porque é moi duro debido á postura que hai que adoptar para colocar a palla», dice.

Herminio recuerda que la última vez que le cambiaron la cubierta al hórreo, trabajaron una semana su padre, un vecino y él. El de la casa paterna estaba teitado «á facha», más duradero porque los aros de avellano permanecen tapados y solo queda a la vista la paja, impidiendo que se pudran las varas.+

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