Llega el san Froilán y con él el vino nuevo, una tradición en la que incluso hay pugnas por ser el primero en poder ofrecerlo.
Hace años, no muchos, cuando el vino llegaba a Lugo en barricas de madera de roble donde fermentaban los caldos, los taberneros procuraban traerlos con unos días de antelación a la espicha, para que reposase y continuasen su fermentación.
A pesar de ello, la ingesta de estos vinos, tintos siempre porque el blanco no venía hasta finales de enero, producía algunos problemas gástricos cuando el goloso bebedor sobrepasa los 3 ó 4 chatos. El vino continuaba ahora su fermentación en los estómagos y las consecuencias si se producían los excesos, venían de inmediato, lo que hacía que algunos clientes tuviesen dificultades para llegar al retrete, y ya no digamos para llegar a sus casas, algo que no vamos a narrar aquí.
Todo esto sucedía no hace muchos años, algo que en la actualidad parece haberse frenado en gran medida. Las causas: los vinos se mantienen ahora en las bodegas fermentando en depósitos de acero, donde se les controla el estado de cocción. Así, cuando vienen para Lugo, basta con cortarles la fermentación.
En Lugo abundaban las tabernas con vino nuevo en san Froilán. Por citar algunas, en el centro estaban O Barco de Valdeorras, La Cueva, Canuto, René, O Comenencias, Bar Carallo, O Mariñao... o La Cepa, y O Túnel, en Campo do Castelo.
Otro templo báquico lugués era el barrio de Recatelo con Taboadesa, Frade, Fraile, Santiago, Rivas, Varela, Carlota, o Armonía entre otros, destacando también O Roxo, en Albeiros, y Chuco, Buide y Xesús do Cemiterio, en el barrio da Ponte. Y estos solo son unos pocos. Afortunadamente, alguno de ellos ha llegado hasta nuestros días. Salud para todos.