Como ahora todo son noticias falsas, bulos, manipulaciones varias -valga el término-, de ese monstruo nuevo conocido como Inteligencia Artificial, ya no me fio incluso de lo que recibo por WhatsApp. Razón por la que no me creo la mitad de lo que leo o veo aun viniendo rubricado ante notario. Y es por eso que, habiéndome enterado de que hay un empresario interesado en reabrir el restaurante, no me atreví a incluir el nombre del local en un artículo pasado junto al del ya cerrado Emilio Iglesias. Por si acaso lo omití. ¿Otro bulo?... Pues a día de hoy aún no lo sé. Ojalá que no. Podría investigarlo, pero prefiero que sea el tiempo quien se decida a desvelarlo. Yo estaría encantado: tratándose del Manuel Manuel…
Ahí celebré mi despedida de soltero hace un millón de años, y mi 70 cumpleaños un millón de años después. Y claro, esto marca; así es que tras muchos otros actos emotivos de por medio, un trocito de mi corazón quedó atrapado en su interior. Convendrán, por tanto ustedes, que algo mío muy sublime clame a diario dentro de mí reclamando ese cachito.
Y es que el Manuel Manuel era algo así como el comedor anexo, el pariente próximo del nuestro. Ya ven. Paso a menudo por allí y no saben cuán triste se ha vuelto ese rincón de Lugo tras el cierre, ese rincón rodeado ahora por el frío. Intuyo que no soy el único. Me da que el corazón de más de algún lucense habrá quedado ahí prisionero junto al mío, aguardando ansioso que no sea un bulo y que alguien vuelva a abrir. Por ejemplo a usted, a usted que lee hoy este artículo le pregunto: ¿no le ha quedado dentro algún grato recuerdo, algún momento del pasado que hoy evoca con cariño?...