La artista y escritora de Lugo publica un libro sin complejos sobre un tiempo vivido y a la vez soñado
26 may 2026 . Actualizado a las 09:22 h.Dolores Guerrero (Lugo, 1951) es una todoterreno, tanto en el sentido estricto de la palabra, porque no para de estar activa, como a nivel intelectual. Por su cabeza van y vienen ideas, y sin ningún complejo las plasma a nivel artístico, ya sea haciendo pinturas, como esculturas, novelas, poesías o ensayos. Buena prueba de esa fiebre creativa que atesora se puede comprobar estos días, donde alterna una exposición en una galería de Ourense (Dental Nova) con la publicación de su último libro.
De la exposición, doce obras, con el sugerente título de «Monólogo interior de una vaca gallega», a la literatura, con el no menos atractivo volumen titulado «Los hilos de la memoria», editado por Medulia.
Ella misma explica que «en este libro el realismo y la fantasía se entrecruzan para mostrar diferentes épocas, lugares y acontecimientos, en la mayoría de los cuales el hilo conductor es Galicia. Las personas, los animales, los paisajes. La vida, la muerte, la alegría, la salud, la enfermedad, las costumbres ancestrales, las aldeas, las fiestas, las injusticias, los sufrimientos, la emigración y sus consecuencias; es decir: la vida misma, va surgiendo a borbotones en estos relatos salidos del corazón».
Son historia del pasado, algunas personales, vividas, y otras recogidas o inventadas. Pero todas con varios hilos que las unen: desde los recuerdos de un tiempo ya perdido (en el sentido de materiales y situaciones que ya no volverán), a añoranzas personales entre la realidad y la fantasía, a una familia que marca toda una vida: «Mi padre compró un detector de tesoros a un hombre que había estado en Cuba y juraba que gracias a él se había hecho rico», arranca un relato que recuerda a Cunqueiro y a Fole.
Otro aspecto que destaca en el libro de Dolores Guerrero es su fisicidad. Se recogen detalles muy claros de calles, casas y locales del Lugo de su infancia, de los años sesenta. Memoria viva de un tiempo en el que cientos de jóvenes lucenses mataban el tiempo a la espera de algo o alguien que les sacase de aquellas brumas.
Esta es otra de las características del libro de Guerrero, que entre los diferentes relatos, recoge algunas de sus obras más emblemáticas, esas brumas y atardeceres que han marcado su obra artística, como trasunto de una vida, con sus luces y sus sombras.