Merecido disfrute para la fiel resistencia

Millán Gómez LUGO / LA VOZ

LUGO

Óscar Cela

17 oct 2023 . Actualizado a las 21:08 h.

El Breogán vuelve a jugar en competición europea por vez primera desde la Copa Korac 1985-1986. Es el premio a su clasificación directa para la BCL al término de la pasada liga al finalizar en décima posición, una por encima de la ya exitosa temporada previa. Aquella victoria en La Fonteta. Un club que ansíe crecer, consolidarse y mejorar debe mirar siempre al frente, con bases sólidas, pero sin renunciar a nada.

El deporte radica básicamente en ser ambicioso, en querer ganar siempre. Lo contrario no es deporte. El miedo a que la doble competición, cuando menos en otoño, perjudique es lícita y comprensible por la humildad del Breogán, sus limitados recursos y, muy especialmente, su situación absolutamente marginal desde el punto de vista de las comunicaciones y los medios de transporte. Pero la BCL no es la Eurocup. La BCL son seis partidos de fase de grupos. La Eurocup son dieciocho encuentros ya solo de liguilla. Andorra descendió en 2022 siendo semifinalista de la Eurocup. De no haber llegado a semifinales, seguramente se hubiese salvado; de no haber sufrido en ACB, seguramente hubiese alcanzado la final de la Eurocup. Pero son elucubraciones, baloncesto-ficción, hablar por hablar.

La prioridad es la permanencia. Por supuesto. Pero toca competir. En el deporte, las dinámicas son fundamentales. La BCL puede ser también un lugar para que la plantilla se reivindique, para que entren esos tiros que no entraron en tres de los cinco partidos de liga, e incluso en la final de la Copa Galicia. Para que Conner Frankamp gane confianza, vaya adaptándose al equipo, vaya asumiendo tiros y dirección. Para que Sergi García, cuando se recupere, mantenga ese ritmo de juego rápido y esa dirección en la que estaba destacando desde la segunda mitad contra Baskonia. Para que Erik Quintela, una absoluta garantía, siga demostrando que es un base ACB y un base BCL. Para que Sergi Quintela recuerde que tiene amenaza exterior, como en los play-offs del último ascenso o en aquella remontada en Lleida. Para que Matej Rudan gane confianza en los minutos finales. Para que Stefan Momirov recuerde que es el mismo (o mejor) jugador que el que anotó en Zaragoza o Sevilla tiros decisivos para ganar, o el que anotó cinco triples en un cuarto contra Girona en el Pazo. Para que Mouhamet Diouf adquiera fe en sus recepciones. Para ganar el primer partido de la historia del Breo en competición europea

Es un día para disfrutar. Para disfrutar compitiendo. Para aquellos que pelearon por el club aquellos largos veranos cuando el club tardaba incluso en inscribirse en LEB Oro, para aquellos que sufrieron aquel lunes de agosto de 2016 cuando estuvo en juego la supervivencia, para los que vivieron el frío del Pazo, para los que desplegaron la pancarta «Muchos nos han visto nacer, pero nadie nos verá morir», para el movimiento «breoganismo en loita», para los que subieron y bajaron las cuestas del parque y ahora bajan a su particular teatro de los sueños. Para aquellos que entienden el Pazo como el sitio de su recreo. En definitiva, para una ciudad muchas veces olvidada y cuyo deporte no deja de hacer ruido. Mucho, mucho ruido. Lucensismo.