Ángel Castelló: «Mi plan A era aprobar la oposición y ser notario; el B, dedicarme a la música»

María Guntín
María Guntín LUGO / LA VOZ

LUGO

Ángel Castelló nació en Alicante, pero lleva muchos años viviendo en Lugo. Aprobó la oposición de notario, ejerció en Forcarei, estuvo 15 años en As Pontes y, hace unos meses, abrió su notaría en la calle Bispo Aguirre, en el centro de la ciudad
Ángel Castelló nació en Alicante, pero lleva muchos años viviendo en Lugo. Aprobó la oposición de notario, ejerció en Forcarei, estuvo 15 años en As Pontes y, hace unos meses, abrió su notaría en la calle Bispo Aguirre, en el centro de la ciudad ALBERTO LÓPEZ

Aunque en un primer momento soñaba con ser periodista deportivo, abrió su notaría en el centro de Lugo hace unos mes y después de 15 años ejerciendo en As Pontes

04 feb 2023 . Actualizado a las 20:02 h.

Ángel Castelló Vicedo nació en Alicante, pero lleva 14 años viviendo en Lugo que le han servido para sentirse uno más dentro de la sociedad lucense. Tras 15 años como notario en As Pontes, hace unos meses se trasladó a la ciudad amurallada para abrir una notaría en Bispo Aguirre, en la que trabaja junto con sus tres empleados.

—¿Cómo llegó a notario?

—Yo nací en Agost, un pueblo de Alicante. Estudié allí, e hice la carrera de Derecho en la Universidad de Alicante; acabando en el año 1993. Mi vocación verdadera era el periodismo deportivo de radio, pero allí no la había... Tenía que desplazarme a Madrid o Barcelona, y mis padres no podían permitírselo. Así que opté por el Derecho.

—¿Por qué dice que su vocación era ser periodista deportivo?

—Porque el deporte que más me ha gustado siempre fue el ciclismo. Cuando se celebraba La Vuelta o el Tour de Francia veía todas las retransmisiones, lo que salía en prensa, televisión... Sin embargo, lo que siempre me encantó fue la radio.

—¿Y quedó satisfecho al estudiar Derecho?

—Al final me gustó, sí. Al acabar tuve la oportunidad de dedicarme a la docencia, pero no me gustaba. Las herencias me llamaban más la atención, y fue entonces cuando me apunté en la Academia de Notarios de Murcia. Iba una vez a la semana a recitar los temas.

—¿Cómo de duro fue opositar para notario?

—Empecé a estudiar en 1999, y las saqué completamente entre 2003 y 2004. Entonces, aprobé las oposiciones con 28 años; fui uno de los notarios más jóvenes de España. En Alicante no había plazas vacantes para ejercer, pero mi hermano estaba en A Coruña, por lo que decidí trasladarme al norte de España. Mi primer destino fue Forcarei, en Pontevedra. Después, quedó una vacante en As Pontes, donde estuve 15 años, hasta hace unos meses. Allí tuve mucha actividad industrial, fui testigo del cierre de la mina de carbón, de la creación del lago artificial... La central y la mina tuvieron sus idas y venidas. Yo viví en primera persona todo eso, también las revueltas desatadas por los acontecimientos que se sucedieron.

—¿Tenía plan B si no aprobaba la oposición?

—Pues tengo que decir que en el pueblo del que vengo todos somos músicos. Pasamos de estar en una academia a participar en la Unión Musical de Agost y a acabar en el conservatorio. Así fueron todas las tardes de mi infancia. Yo hice la carrera de música de clarinete y acabé derecho. Tenía claro que si no aprobaba notarías iba a dedicarme a la música, porque de abogado no quería trabajar. El contraste entre las dos opciones era espectacular, pero yo me veía dando clases de música en un colegio y ese fue mi plan B, aunque me saliese el A.

—¿Qué implicaciones tiene ejercer como notario?

—El derecho de familia es muy duro. Además de notario, tienes que hacer de mediador y de psicólogo. En las notarías hay muchos enfrentamientos y tensión, más de los que la gente se puede imaginar.

—¿Y cuáles son los principales focos de tensión en las notarías?

—Especialmente, se suceden en los repartos de las herencias, que provocan muchas discusiones. Yo empecé con esto hace 18 años y veía a la gente mucho más pacífica. Desde entonces, las disputas familiares han crecido exponencialmente. Hay repartos que acaban en el juzgado, o con unos arreglos en la notaría que no dejan contento a nadie. La gente se va enfadada porque no está de acuerdo con lo que ha firmado. Ahora mismo, yo tengo un papel muy duro en todo esto, y nos encontramos en una época en la que los notarios que disfrutábamos del derecho de familia estamos cada vez más desgastados y descontentos.

—¿Hace años había más diálogo durante los repartos de herencias?

—Al principio, cuando hacías un reparto con muchos primos en el que además había que conseguir papeles antiquísimos, conseguías llegar a una solución. Eso reconfortaba mucho, profesionalmente hablando. Ahora el panorama ha cambiado. Sin embargo, solucionar asuntos que parecen difíciles, como son propiedades de hace muchos años que no están al día en el Registro de la Propiedad, te da una satisfacción enorme aunque para conseguirlo tengas que presentar testigos o aportar documentos muy antiguos. Es lo mejor de mi trabajo a día de hoy.

—¿Le costó dejar As Pontes?

—Pues sí porque en As Pontes conocía a todas las familias y estaba muy integrado. Tengo un recuerdo imborrable de esos 15 años en los que trabajé en el pueblo. Eso sí, lo más complicado eran los desplazamientos, puesto que me trasladaba desde Lugo todos los días.

—¿Y cómo regresó a la ciudad amurallada y decidió abrir una notaría?

—Salió a concurso una vacante en Lugo por una jubilación. La pedí, y aunque pensaba que no me iba a tocar porque había gente con más antigüedad, resultó ser una sorpresa. Tuve dos meses para acabar en As Pontes, montar este despacho y venirme definitivamente a Lugo.

—¿Cómo está siendo la experiencia de empezar de cero otra vez?

—El comienzo es duro. Es empezar de la nada, arrancar en un local nuevo... Ahora mismo estoy dándome a conocer, haciendo una especie de campaña intensiva, por decirlo de algún modo.

—¿Y qué tal con sus primeros clientes?

—Ahora mismo, los que más me están entrando son asuntos que se prolongan en el tiempo, muy duros de roer y que requieren muchísimo sacrificio para, al final, obtener pocos resultados. Eso sí, el cliente sale agradecido porque consigo solucionar asuntos que llevaban muchos años enquistados. Esto es, de nuevo, lo que me reconforta.

—¿Y qué hay de ese tópico que dice que los notarios trabajan poco y solo usan la firma?

—Pues mira, yo llego a la oficina a las 9 de la mañana, me voy a comer un ratito a mediodía y, hay días que me dan las 11 de la noche, aunque generalmente me voy a las ocho de la tarde aproximadamente

—¿Qué hará cuando tenga más tiempo libre?

—Quiero hacer relucir mi vena artística... e integrarme en alguna banda u orfeón de la ciudad. Y espero no tener que esperar a la jubilación...

—¿Tiene más aficiones?

—Soy socio del CD Lugo, y a veces también acudo a los partidos del Río Breogán o del Durán Maquinaria Ensino, al Arenal Emevé... También soy socio del Círculo de las Artes. Me siento muy bien y cómodo en Lugo.

—Seguro que se olvida de algo...

—En mi tierra hay un deporte autóctono, la pelota valenciana. Tengo un club con otros compañeros y organizamos competiciones. Procuro cuadrar los viajes que hago para ver a mi familia con algún partido o evento...

—¿Y por qué optó por Lugo?

—Porque mi mujer también trabaja en Lugo, en la Conselleria de Industria, y además es la delegada provincial del colegio de ingenieros industriales de Galicia.