Clic

Emilio R. Pérez

LUGO

23 nov 2022 . Actualizado a las 17:04 h.

Hoy me he muerto. Perecí. Ha sido esta mañana. A eso de las nueve, más o menos. Ahogado en mi propio vómito, abrí un bocón de metro y medio de diámetro, exhalé mi último suspiro y fallecí. RIP.

Ayer por la mañana, como todas las mañanas, abrí de par en par allá en el alto mi ventana, y complacido observo que la gente me saluda, me aplaude y me jalea desde abajo. Soy un héroe, al parecer. Miro arriba y consigo al fin tocar el cielo, creo. La gloria es mía. Y a partir de ahí comienza el sueño.

Y en mi sueño todo es color de rosa. Todo gira en torno a mí. Casi me mareo. Así que me vestí con mis mejores galas y empecé a fardar. Fatuo, relamido, pedante, presumido, prepotente, vanidoso y engreído…; ególatra perdido, me amé a mí mismo tanto o más que al del espejo y odié a rabiar mi fuero interno, siempre crítico conmigo. Juzgué que era el camino llano y el juego se me fue completamente de las manos; aposté a todo o nada, abrí hasta los goznes el pecho, saqueé a conciencia mi conciencia y Satanás entró a degüello. Desde mi ventana allá en el alto creí ver tan cerca el cielo que olvidé que pilla aún más cerca el suelo. Y de repente me despierto. De repente abro los ojos y me muero, me muero porque ya soy viejo y se acabó mi sueño. Bienvenido a la parada, alguien me dijo, está usted muerto. ¿Ya? Sí. Clic.