22-2-22

Emilio R. Pérez DESDE EL ALTO

LUGO

12 ene 2022 . Actualizado a las 21:13 h.

e acaba un año viejo y llega un año nuevo; y a lo largo de unos cuantos días, usted y yo nos dedicamos a decirnos mutuamente las idénticas banalidades que nos decimos siempre cuando llegan estas fechas. La misma cantinela repetida hasta el hartazgo y que en el fondo es un “buen día” para todo el año. SÍ, muy bonito, cantarín y solidario, pero usted y yo sabemos que este año que nos llega y que nos pasa por encima en un «plis plas», hará lo mismo que ha hecho el otro y los otros que de forma sucesiva se han venido sucediendo: lo que le venga en gana. No, si todo eso está muy bien, muy cortés, entrañable y educado; pero no nos engañemos, los deseos, buenos, malos…, los que sean, son solo eso: pequeños ruegos compartidos sin ninguna garantía. Volveremos al constante día a día rutinario cual piñones engrasados que dan vueltas conformando ese engranaje que se maneja desde arriba, hasta el momento en que se oxidan y se cambian por piñones nuevos. Si ser feliz es eso, pues qué quiere que le diga, poca cosa me parece, algo más supremo desearía. Y menos mal. Pues llegará ese día de ese año que por muy reiteradamente que le hayan felicitado, un diente del piñón que usted conforma va a romperse y pasará instantáneamente o renqueante a formar parte del ingente contingente de piñones defectuosos/oxidados que se han ido con el año. Chatarra, vamos. Y eso es todo, camarada. Los deseos son solo eso, anhelos; otra cosa es el azar, la omnipotente mano que nos mece. Como cada año este año cumplo años…, espero. Será el 22-2-22. Feliz 22 aniversario. Ojalá. Puestos a desear memeces, aquí en el alto que no quede. Por cierto: feliz año.