Alma

Emilio Rodríguez Pérez

LUGO

23 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada vez que tengo que mandar mi artículo al periódico, siempre hay algo por ahí por dentro que me frena, una fuerza interna que me dice espera y que hace que mi dedo vacilante sea reacio a pulsar la tecla.

Cuando escribes con el alma estás creando, modelando en tu intelecto a tu albedrío un ente nuevo, un pedazo de tu pecho concebido a tu manera, cincelado con la forma que tú quieres y que va a mostrar por ahí afuera tu perfil en cueros; así que en el momento en que lo tienes, tras tocarlo y retocarlo una y mil veces, es como si un cachito de tu alma te estuviera ahí mirando en la pantalla en actitud de hacer pucheros, y por pudor, ternura, conmoción o lo que fuere, te resistes a enviarlo y compartirlo. Desde ese clic ya vuela y deja de ser tuyo en exclusiva.

Cuando un hijo o hija se te va de casa pasa un tanto de lo mismo. Aunque siempre lo verás como tu niño/a, cierto día te das cuenta de que hay algo en su mirada que ha cambiado. Y ese día habrás de echarte a un lado, comprendes que el camino juntos ya está andado. Y esos que hoy desean entrar a saco en tus entrañas, saquearte el alma, esos que aseguran que no es tuyo, ni derramarán una maldita lágrima ni se les va a encoger el pecho como a ti porque te sangra.