La relación de Emilia Pardo Bazán con Lugo y el Círculo de las Artes

Antonio Prado Gómez

LUGO

Un análisis histórico permite entender la relación que tuvo la escritora con la ciudad

07 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Se cumple por estos días el centenario de la muerte de la escritora gallega Emilia Pardo Bazán, sin duda alguna una de las figuras más eminentes de la literatura española contemporánea. Aunque las referencias espaciales de su vida se centran en A Coruña, en Madrid y en las Torres de Meirás, la ciudad de Lugo no fue completamente ajena a la geografía de la autora. Con impresores y periódicos lucenses de fines del siglo XIX, y en particular con El Diario de Lugo, tuvo tempranas relaciones literarias, publicando bastantes poemas y algunos de sus primeros relatos en prosa. Tal vez tuvo también algunos amistosos contactos como sugieren ciertas noticias de diarios de la época y, además, la Liga de Amigos que se constituía en Lugo en 1890, había nombrado a doña Emilia socia honoraria, distinción que compartía con su nada afín paisano Manuel Murguía, un reconocimiento que evidenciaba que la escritora gozaba de prestigio en la ciudad desde, por lo menos, una década antes de que finalizase el siglo.

Tres lustros después, Emilia Pardo Bazán sería protagonista indiscutible en la visita que realizó a la ciudad durante varios días del mes de octubre de 1906, respondiendo a la invitación que se le envió para actuar como mantenedora del Certamen de Composición Musical que formaba parte importante de los festejos del San Froilán de aquel año. Era ya por entonces una escritora reconocida por su extensa y variada obra literaria, y venía en esta ocasión a ejercitar otra de sus cualidades: la oratoria, para ella una actividad “fulgurante” que superaba la acción muda y sorda del libro, que penetraba con intensidad en los auditores y que le resultaba particularmente atractiva. Estos festejos locales contaban con la presencia de una abundante representación coruñesa que encabezaba su vecina más ilustre, y ella misma presidiría el 5 de octubre la función celebrada en el Teatro Circo lucense durante la que pronunció el discurso principal del Certamen.

En la conferencia mencionada la futura condesa de Pardo Bazán demostró su competencia literaria, resaltó ciertos aspectos ideológicos de su personalidad y recordó su afecto por la ciudad de Lugo y por el obispo Gregorio María Aguirre, quien en otras ocasiones había sido su anfitrión cuando la había visitado de paso para Madrid o para el extranjero. En su intervención no perdió la ocasión de pronunciarse en contra de particularismos y localismos, defendiendo la línea de pensamiento de que la nación era la única respuesta viable para los conflictos que atravesaba el mundo y la misma España, durante una transición de siglo condicionada por las manifestaciones de signo identitario que comenzaban a producirse. Cuando se centró en el tema principal del Certamen defendió la música como lenguaje universal y “como vehículo de la aproximación de pueblos y gentes”, al mismo tiempo que ofrecía un histórico recorrido musical y que declaraba sus preferencias personales como melómana por Richard Wagner, un talento que para ella reunía las condiciones de gran poeta, gran compositor y gran escenógrafo, y cuya obra Parsifal se consideraba “la apoteosis musical del catolicismo”, aspecto que conectaba con el profundo sentimiento religioso de doña Emilia. En esta intervención, la prolífica autora no se olvidaba de destacar el interés que ofrecía la música popular como elemento de individualidad y en particular la aportación gallega en este terreno que personalizaba en dos famosos compositores lucenses: Juan Montes y Pascual Veiga.

La escritora permanecería en Lugo entre los días 4 y 7 de octubre, desarrollando una apretada agenda de actividades entre las que no faltaron visitas ni banquetes, destacando entre las primeras la realizada al Círculo de las Artes en la tarde del día 6 de octubre. No pueden olvidarse a este respecto las relaciones que ya tenía doña Emilia con otras sociedades de este tipo como la Reunión de Artesanos coruñesa o el Ateneo madrileño, por eso acudió con gran interés al centro social lucense que había inaugurado su flamante edificio pocos años antes y allí alabó sus instalaciones y firmó una afectuosa dedicatoria con la que la Sociedad inauguraba su Libro de Oro: Un lugar donde nos acogen con cariño y simpatía es un tesoro que guardamos para las horas tristes. Recuerdo y estímulo a merecer lo que ya nos otorgaron anticipado.- Emilia Pardo Bazán. Al Círculo de las Artes de Lugo. 6. oct. 906.

Las relaciones entre la Sociedad lucense y la escritora coruñesa se mantuvieron hasta su muerte ya que, como agradecimiento por la amable recepción recibida, la señora de Meirás enviaría una carta y 22 de sus obras con destino a la biblioteca del Círculo. La Sociedad respondería al agasajo con gratitud y admiración y, en una sesión asamblearia de 5 de febrero de 1907, decidía por unanimidad nombrar a Emilia Pardo Bazán primera presidenta honoraria del Círculo de las Artes, aplicándole el calificativo de “eximia publicista”. El epíteto no resultaba exagerado, pero sí era sorprendente tal homenaje en una entidad que en esos momentos mantenía alejada a las mujeres de cualquier decisión importante, por lo que resultaba evidente que a la escritora se la consideraba una figura excepcional. Con la noticia de su nombramiento se le remitiría un diploma especial diseñado por Manuel Martínez Fole y se le indicaba que “tan honorífico cargo es la única distinción otorgada por el Círculo en un período de cincuenta y cuatro años…”, es decir desde la fundación de la Sociedad. La contestación de doña Emilia no se haría esperar y, en el mes de marzo, correspondía al título y al obsequio con otra carta de agradecimiento y con el envío de nuevas obras y de un retrato suyo que, una vez enmarcado, sería colocado en lugar preferente del edificio social.

En los años siguientes habría más oportunidades para que el Círculo de las Artes tuviese ocasión de mostrar de nuevo su afecto hacia su primera presidenta honoraria. Así, en el mes de octubre de 1910 se le enviaba un cordial telegrama de felicitación con motivo de la boda de su hija Blanca con el coronel José Cavalcanti. En marzo de 1912 el Círculo apoyaría la propuesta para que se eligiese a Emilia Pardo Bazán miembro de la Real Academia Española, y en tal sentido enviaba un “expresivo” telegrama al director de la institución Alejandro Pidal y Mon, respondiendo así a la iniciativa que había partido del diario La Voz de Galicia y que contó con el apoyo de importantes periódicos de la prensa nacional, aunque el misógino organismo rechazaría la propuesta. El texto del mencionado telegrama sería recogido por el periódico lucense El Regional de 28 de marzo de 1912, con esta referencia: Presidente Academia Lengua Española.- Madrid.- “Círculo de las Artes”, popular sociedad de instrucción y recreo, que enaltece presidencia honoraria Emilia Pardo Bazán, interesa vivamente sea ésta designada por esa ilustre Corporación para ocupar puesto vacante académico, como merecido galardón á quien por sus obras de imperecedero mérito supo acrecentar el valor á la literatura patria contemporánea.- Presidente, López Pérez.

ISIDRO FERNANDEZ FUERTES

Dos años después, en abril de 1914, no dudaba la Sociedad lucense en enviar al Centro Gallego de Madrid una aportación de 100 pts. para contribuir a los gastos que implicaba a concesión a la escritora de la banda de María Luisa, y, al año siguiente aportaría otras 150 pts. más para costear el monumento que se levantaría a Emilia Pardo Bazán en A Coruña y que sería inaugurado en el mes de octubre de 1916. En marzo de ese año, el Círculo había felicitado a la ya condesa de Pardo Bazán por su nombramiento, no sin polémica, como catedrática de lenguas neolatinas de la Universidad Central, título que reconocía su extraordinaria formación literaria, que cubría sus aspiraciones pedagógicas y que era un paso más en su interés tantas veces declarado por el reconocimiento de los derechos de la mujer en todos los campos.

La réplica del Círculo de las Artes a la muerte de doña Emilia, que tendría lugar el 12 de mayo de 1921, se tomaría cinco días después de producirse el triste acontecimiento. Con tal luctuoso motivo la Sociedad decidió encargar una placa en recuerdo de su primera presidenta honoraria, haciendo constar en ella el sentimiento por su fallecimiento y tomando la decisión de colocarla también en la biblioteca al lado de su retrato, al considerar que tal dependencia se correspondía muy bien con la relación que tenía la escritora con el mundo de las letras. Todavía, en noviembre de 1924, la familia de la fallecida condesa correspondería a las repetidas muestras de afecto enviando otro retrato suyo, que la Sociedad había solicitado por iniciativa del socio Camilo López Pardo para colocarlo, asimismo, en la biblioteca.