Hace 45 años, cinco grandes industrias iban a transformar la economía de Lugo

Xosé María Palacios Muruais
XOSÉ MARÍA PALACIOS LUGO / LA VOZ

LUGO

Vista de la fábrica de Alúmina Aluminio en San Cibrao, durante la etapa de construcción del complejo
Vista de la fábrica de Alúmina Aluminio en San Cibrao, durante la etapa de construcción del complejo FOTOTECA CONCELLO DE CERVO

Endesa, en As Pontes, y Sidegasa, en Teixeiro, causaron en comarcas lucenses un impacto que se sumó al de la factoría de Alúmina Aluminio en San Cibrao

14 jun 2021 . Actualizado a las 11:22 h.

Los ochenta fueron años de reconversión industrial en España. Ferrol puede ser uno de los ejemplos más evidentes de los problemas de una actividad, la construcción naval, cuya viabilidad ponen en duda organismos públicos. Aún hoy se notan los efectos de esa situación, como también se notan los de otra situación iniciada en la década anterior.

La provincia de Lugo, con actividad agrícola y ganadera en muchas zonas y pesquera en la costa, experimentó en los setenta una profunda transformación. Los proyectos de industrias captaron mano de obra en comarcas estrechamente relacionadas hasta entonces con el campo y con el mar, con la particularidad de que dos de ellas no se instalaron en la provincia sino en municipios limítrofes.

Las consecuencias fueron evidentes. La construcción de la planta de Alúmina Aluminio en San Cibrao, con terreno repartido entre los municipios de Cervo y de Xove, modificó el paisaje socioeconómico de A Mariña, pero se trató de una onda expansiva cuyos efectos penetraron hasta el interior de Lugo y que se notaron ya durante las obras del complejo. Lo mismo puede decirse de la central térmica de As Pontes, promovida por Endesa. En municipios como Vilalba, Xermade o Muras aparecieron empleados que dejaron el campo por la industria, aunque la cercanía no los obligó necesariamente a cambiar de residencia.

En 1976, cuando las vías de comunicación eran peores y Galicia acumulaba retrasos frente a otras zonas de España en infraestructuras, ya se percibía la cercanía de una industria a una o varias ciudades como una de las evidentes consecuencias de su funcionamiento. En junio de 1976, en este mismo periódico, se informaba de que la fábrica de Sidegasa, proyectada en Teixeiro (Curtis) estaría a media hora de Lugo ciudad o a 15 minutos de Betanzos y que su influencia sería considerable en Guitiriz.

Las expectativas eran tales que incluso se preveía la constitución de una sociedad de desarrollo provincial. El ministro de Industria, Carlos Pérez de Bricio, visitó Lugo en la primavera de 1976, y analizó la posible creación de esa entidad con representantes de bancos y de cajas de ahorros y con empresarios lucenses.

Capital público y privado

En los proyectos que hace 45 años iban a modificar la estructura económica lucense estaban presentes la iniciativa pública y la privada. La planta de San Cibrao surgió de la iniciativa de la Empresa Nacional de Aluminio (Endasa), de Aluminio de Galicia (Alugasa) y de ocho entidades bancarias. Perteneció en un primer momento a Aluminio Español, cuyo capital aportaban Endasa (55 %), ocho bancos (25 %) y Aluminio de Galicia (20 %).

También había capital público en As Pontes de García Rodríguez, en donde Endesa, empresa creada en los años cuarenta y perteneciente al Instituto Nacional de Industria, llevaba a cabo las obras de construcción de una central térmica, que aprovechaba carbón de la zona. Capital privado, por otra parte, era el que preveía incrementar el peso industrial de Lugo en general y de A Mariña en particular con sendos proyectos en Foz y en Xove de cuyos trámites se habló en la citada visita del ministro a Lugo.

Por un lado, en Fazouro (Foz) estaba prevista una celulosa que tenía entre sus promotores a José Rodríguez, conocido en la provincia como impulsor de empresas del sector lácteo (Arjeriz, luego vendida a Larsa) y forestal (Tablicia, hoy Tableros Hispanos); por otro, en Xove se planeaba la construcción de una central nuclear para dar energía al complejo de San Cibrao, con Unión Fenosa, Electra del Viesgo e Hidroeléctrica del Cantábrico como protagonistas. Los dos proyectos quedaron aparcados, aunque el proyecto de central nuclear pasó también a la historia por las numerosas movilizaciones de rechazo convocadas en A Mariña.

En cambio, tanto la fábrica de Teixeiro y la central de As Pontes como la fábrica de Alúmina Aluminio acabaron siendo una realidad, aunque con duraciones diferentes. Sidegasa, que recibía chatarra para la producción de acero, cerró a finales de los ochenta. Más larga fue la etapa de Endesa, cuyo cierre se acabó decidiendo definitivamente a comienzos de este año tras aparcarse el carbón como fuente de energía.

Alternativas

En el polígono de Teixeiro, situado al lado de la carretera N-634 y a apenas diez minutos de la autovía del Noroeste (A-6), están hoy instaladas empresas de energías renovables (Greenalia) y del sector lácteo (Inleit), mientas que la puesta en marcha de una planta de hidrógeno en As Pontes parece una alternativa firme para Endesa, que a finales de los ochenta inició el proceso de privatización de su capital. También el capital privado (Alcoa) acabó comprando la fábrica de San Cibrao, cuyo futuro es ahora incierto. La empresa anunció un ERE el año pasado, la llegada de posibles compradores no se ha concretado, y A Mariña ha sido escenario de varias y concurridas protestas ciudadanas, con el temor a la desaparición de un pulmón económico como eje central.

Hace 45 años, mientras la industria aparecía en el horizonte, las autoridades admitían la necesidad de mejorar las carreteras en A Mariña y su conexión con el resto de la provincia. En cambio, la autovía que se construirá de Barreiros a San Cibrao (A-74) no tiene todavía ningún tramo en servicio ni en obras.

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