Hace 20 años, la obra de la A-6 en la entrada en Galicia acumulaba retraso

Xosé María Palacios Muruais
XOSÉ MARÍA PALACIOS LUGO / LA VOZ

LUGO

La construcción del túnel de Pedrafita do Cebreiro generó críticas por los accesos previstos
La construcción del túnel de Pedrafita do Cebreiro generó críticas por los accesos previstos OSCAR CELA

La conexión por autovía con la Meseta incumplía los plazos previstos

25 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La mala comunicación de Galicia con el resto de España ha sido un tópico; el retraso en subsanar esa deficiencia, también. Cuando el AVE ya tenía años de funcionamiento en algunas zonas, lograr la conexión por autovía con la Meseta era una aspiración de Galicia entrado el siglo XXI. Hace ahora 20 años, las obras de la autovía del Noroeste avanzaban con retraso.

Como recogía este periódico el 25 de mayo del 2001, las obras deberían llevar ya meses acabadas si se hubieran cumplido los plazos anunciados por el Gobierno. Al haberse iniciado los trabajos, en 1997, se contaba con que pudiesen acabarse en el otoño del 2000. Lo que, en cambio, había en el límite de Castilla y León con Galicia era un ritmo de obras que imponía paciencia a los automovilistas: aún se tardarían meses en poder salir hacia Madrid por autovía.

El tramo Ambasmestas-Castro Lamas estaba parcialmente abierto desde hacía meses, pero aún pendiente de detalles. En el de Castro Lamas a Noceda, que discurría por las provincias de León y de Lugo, hacía falta reformar el viaducto de Ruitelán, situado antes de la entrada en Galicia y construido ya antes para formar parte del trazado de la carretera N-VI.

Teniendo en cuenta las complicaciones orográficas de la zona, tanto en la vertiente leonesa como en la lucense, la construcción de túneles era una parte importante de las obras y una cuestión que aparecía también en los detalles de los retrasos. Estaba listo el construido en el tramo Villafranca del Bierzo-Ambasmestas, pero aún quedaban pendientes el de Pedrafita do Cebreiro y uno de los de O Cereixal (Becerreá). En estos dos, además, a la falta de finalización de las obras se le sumaban quejas vecinales por algunos detalles de la ejecución y por el ritmo en que se desarrollaba: en Pedrafita do Cebreiro había críticas por el diseño de los accesos, y en O Cereixal, por una rapidez de los trabajos que se consideraba excesiva y posible causa de posteriores problemas.

Recién comenzado el siglo XXI, el estado de la A-6 en entrada en Galicia suponía un embudo en una vía ya terminada en el resto de su trazado. La autovía, por ejemplo, ya estaba lista desde finales de los noventa entre Astorga y Villafranca del Bierzo, y en esa década, aunque no de modo lineal, se habían abierto todos los tramos situados entre O Cereixal y Arteixo.

La complejidad orográfica de la autovía suponía una evidente carestía. Solo en los tramos comprendidos entre Castro Lamas y O Cereixal (27,5 kilómetros) se gastaron 45.388 millones de las antiguas pesetas, más de lo invertido entre O Cereixal y Arteixo. De todos modos, los escollos del terreno acabaron vencidos, la A-6 se terminó en el 2001 y a aspiración de llegar a Madrid por autovía se hacía realidad.

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