El parque

Antón Grande

LUGO

14 may 2021 . Actualizado a las 18:50 h.

El Ayuntamiento ha anunciado que acometerá un adecentamiento general en el  parque Rosalía de Castro con motivo de su centenario. Para los de mi generación, esta zona ajardinada era conocida como el parque, así, sin más, quizás porque era el único que había en Lugo.

Pero además para los que vivíamos en el barrio de Recatelo, esta zona ajardinada era como nuestro parque particular, en donde pasábamos gran parte de nuestro tiempo libre, ya fuese en vacaciones o a la salida del colegio, bien para jugar, o tocar la guitarra cuando llegamos a la juventud.

En mi niñez las nevadas y las heladas eran cosa habitual en el invierno. Recuerdo de niño haber caminado sobre el congelado estanque de los patos o arrancado alguno de los carámbanos de hielo que colgaban de la fuente principal para utilizarlos como espadas.

En el parque jugábamos a diario. Un día aparecíamos todos  los chavales con nuestros peones y nos tirábamos días jugando; otro día la llamada era para el juego de bolas o canicas, actividad que conjugábamos con el juego del clavo o con el de la rayuela, al que llamábamos el avión porque entonces aun no habíamos leído a Cortázar.

Por aquel entonces en el parque circulaban en libertad  los pavos reales, las gallinas de guinea o los gallos enanos. Todos ellos nos rodeaban a la hora de la merienda por ver si podían atrapar algunas migajas. Nadie se metía con estos animales y ellos, que se debían encontrar a gusto, tampoco huían de la zona a pesar de libertad que tenían.

Los jueves en el verano el lugar preferido era la pérgola, desde allí escuchábamos los conciertos vespertinos que la banda municipal ofrecía este día de la semana. Por esas épocas las cuestas era otro de los lugares preferidos para jugar a policías y ladrones o al escondite entre sus altas hierbas que servían, en los atardeceres, a las parejas de enamorados para servir al amor. Ahora el concello ha decidido el adecentamiento del parque aunque nunca volverá a ser como antes. Lo más lamentable es que estas cosas solo se hagan cada cien años. A ver como lo dejan aunque mis recuerdos prevalecerán cuando lo visite.