Epidemias en el siglo XIX: La Guardia Civil de Lugo sepultaba a los muertos al negarse  los enterradores

La segunda ola del cólera, en 1855, afectó sobre todo a la Mariña lucense

Reproducción de un grabado sobre la epidemia de cólera de mediados del siglo XIX
Reproducción de un grabado sobre la epidemia de cólera de mediados del siglo XIX

El coronavirus que tantas muertes y tanto daño está causando en el mundo, no ha sido el único virus mortal que se ha producido a lo largo de la historia y Lugo, como es lógico, ha sido también víctima en algunas de estas enfermedades como el resto de las ciudades españolas.

Conocemos que ya en la antigua Roma hubo casos de peste, que incluso algunas de estas pandemias se llevaron por delante a algún emperador y así podríamos seguir, pero en este caso nos vamos a detener en el cólera morbo-asiático que asoló nuestra provincia entre los años 1837 y mediados de 1850. El cólera morbo-asiático se introduce a través de las costas españolas. Ello conllevó numerosos estudios sobre el virus a lo largo de la época isabelina, como el tratado sobre el tema de Nicolás de Alfaro, de 1832, las investigaciones realizadas por José María de Aguayo y Trillo o las de los profesores de la Universidad de Santiago José Fariña y Antonio Casares en los que se hacía constar que la humedad era una de las causas de su propagación.

Según el profesor lucense Antonio Prado Gómez, en su libro La Diputación Provincial en la época isabelina editado por el servicio de publicación del ente provincial, en la provincia de Lugo «las primeras referencias concretas a la epidemia que recogen las actas de la Corporación se remontan a la sesión del 16 de mayo de 1837, en la que se comunica la RO de 19 de abril sobre los medios para satisfacer las asignaciones de los médicos que atendiesen a los apestados». 

La aparición en Lugo

Se sabe que las medidas adoptadas contra la enfermedad fueron múltiples pero su eficacia ante las condiciones médicas e higiénicas de la población, siempre muy deficientes, fue muy relativa. Pese a ello, esas medidas no evitaron la aparición virulenta de la enfermedad en la provincia de Lugo, «al menos en dos momentos cronológicos bien establecidos: uno iniciado a mediados de los años treinta, que se prolongará hasta principios de los cuarenta, y otro desarrollado a mediados de los años cincuenta», según la obra citada de Antonio Prado. Al parecer, la primera invasión del cólera en el primer caso se debió a una vía de contagio terrestre mientras que en la segunda, el contagio llegaría por mar.

Así, en 1854 se presenta en toda la provincia un segundo brote de cólera y a mediados del año siguiente, la peste colérica localizando este brote en el puerto de Ribadeo aunque pronto se extendería por toda la costa lucense. «En agosto, el alcalde de Foz manifiesta la existencia de varios casos en las parroquias de Nois y Cangas. Similar situación se plantea en el ayuntamiento de O Valadouro que se irá prolongando por Mondoñedo y Alfoz» (op. cit.) El cólera seguirá su expansión y se extenderá por toda la provincia. «De la virulencia de la epidemia da cuenta la relación de medicamentos distribuida por la Junta de Sanidad en toda la provincia y que ascendió a la suma de 2.240 reales» (op. cit.) Este dinero, en unión de otras cantidades aportadas por el Gobierno Civil, se distribuirá entre los partidos de Mondoñedo, Viveiro, Ribadeo, A Fonsagrada, Monforte, Quiroga, Vilalba, Becerreá, Chantada, Sarria y Lugo.

Ejemplar de la publicación donde se habla de la epidemia de mediados del XIX
Ejemplar de la publicación donde se habla de la epidemia de mediados del XIX

El último brote de cólera se produce a finales del año 1865 aunque en aquel momento el estado de la provincia era satisfactorio en general, lo que provocó la concesión de nuevas ayudas económicas a los municipios anteriormente citados. 

El papel de la Guardia Civil

El 16 de septiembre de 1855 la revista «El mentor de la Guardia Civil» y según la información que incluye de la Inspección General de la Guardia Civil, llama la atención el considerable número de defunciones ocurridas en los miembros del cuerpo en diferentes provincias con motivo de la epidemia reinante.

Por lo que se refiere a la actuación de la Guardia Civil en Galicia, al igual que en el resto de las provincias españolas, la citada publicación resalta los rasgos de heroísmo cívico y abnegación de los miembros del cuerpo que se han visto obligados a desempeñar las tristes tareas de sepultureros o de enfermeros. En este caso, el ejercicio de sepulturero venía dado porque en ciertas localidades los enterradores se negaban a realizar su trabajo porque temían contagiarse con los fallecidos.

En este sentido el folleto en cuestión, refiriéndose a la provincia de Lugo, destaca un escrito del alcalde de Sarria, Antonio Cuervo, fechado el 3 de noviembre de 1855 en el que consta que «por comunicación del alcalde constitucional de la villa de Sarria, tuve conocimiento del comportamiento humanitario de los individuos de la Guardia Civil del puesto de esta localidad, que acudieron a prestar sus servicios para dar sepultura al cadáver de una persona que fue víctima del cólera-morbo porque se negaban al cumplimiento de tan sagrado deber aquellos que tenían obligación de desempeñarlo» (op.cit).

En sentido parecido figura otro escrito, en este caso procedente de Viveiro en el que el teniente Cayetano González informa que «el día 10 han sido conducidos a la última morada los restos mortales del que fue sargento de esta compañía, Faustino Paz, al que asistió toda la fuerza de carabineros» (op. cit.).

Destaca también este escrito que en el tiempo que duró la enfermedad, fue decidido el interés del alcalde, Eusebio Almuina así como de los doctores Modesto Rebellón y Pedro Cabezas ya que ellos mismos daban al paciente sus medicinas y hasta le arreglaban la cama en la que estaba postrado.

Concluye este informe elaborado por los redactores de la revista destacando que, en Lugo la Guardia Civil ha recibido numerosas comunicaciones de los pueblos de la provincia como muestra de agradecimiento a la labor desempeñada por los agentes y lamentando el enorme número de víctimas que provocó esta pandemia durante los más de veinte años que permaneció activa.

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