El limbo de las vacunas


No sé si sigue existiendo el limbo entre las creencias de la iglesia católica, lo que sí parece es que con el tema de las vacunas, Sanidad ha creado el limbo, no de los justos sino de los marginados por su edad en un tramo que comprende cinco gloriosos años.

Los responsables sanitarios han repartido el orden de vacunaciones de acuerdo con cierto período de nuestras edades, sin embargo los que estamos en el tramo entre los 65 y los 70 años hemos quedado ahí, sin nadie que nos eche una mano o nos ponga una inyección aunque para rematar la jugada, y ante las protestas, nos han respondido con que se nos pondrá la famosa AstraZeneca, esa que ha provocado algunos trombos entre los que la recibieron, lo que conlleva cierta contención. De hecho tengo algún amigo que ya me ha confirmado que esa vacuna no se la pondrá, por si acaso.

Hace unos días, en las páginas de este diario, el periodista Luis Pousa largaba un artículo cargado de ironía y que se está haciendo viral y muy comentado en todo tipo de círculos sociales.

Luis Pousa recordaba en el artículo las peripecias que pasaban los de su generación, entre los que me encuentro, cuando en nuestra juventud tomábamos ginebras, ron u otras bebidas espirituosas que, completamente adulteradas, suponían una metralla para nuestros por entonces jóvenes cuerpos, dispuestos a todo con tal de permanecer hasta el cierre de los bares o discotecas.

Fuimos de una generación que no nos envenenamos de milagro porque nuestros cuerpos rollizos se aclimataban a cualquier inmundicia etílica. Quizás por ello estamos así de fuertes a pesar de nuestra edad, inmunizados ante todo tipo de sabores a lejía o a colonia barata.

No sé cuando me llegará la llamada de teléfono para vacunarme, algunos dicen que hasta junio no se va a producir, pero cuando llegue el momento, si me preguntan qué vacuna quiero, si la de Pfizer, la de Moderna, la de AstraZéneca o la de Sputnik, yo también responderé como mi colega Luis Pousa: «Póngame de lo que haya, pero que sea en vaso de tubo y con un par de cubitos de hielo».

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