Vivir la Semana Santa desde el salón de casa

André Siso Zapata
ANDRÉ S. ZAPATA LUGO / LA VOZ

LUGO

ALBERTO LÓPEZ

«Manos Unidas es mi octavo hijo», presume orgullosa Pepa Carro, una lucense icónica

02 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En la segunda Semana Santa consecutiva que los devotos lucenses no pueden vivir como les gustaría, los aficionados a esta festividad buscan fórmulas para disfrutarla a pesar de las restricciones sanitarias. En una de las semanas con más tradición del año, los ciudadanos de Lugo solo podrán realizar unas actividades concretas, las cuales no impliquen ningún tipo de aglomeración de personas. No habrá ni procesiones, ni misas multitudinarias, ni actos religiosos de gran calado tal y como ocurría en los años previos a la pandemia del covid-19. Sin embargo, son muchos los fieles que intentan mantener viva la tradición a pesar de la situación sanitaria, siempre respetando las medidas impuestas por el Estado y la Xunta. Es el caso de Pepa Carro.

Ella, además, ha tenido durante toda su vida una vinculación muy estrecha con la religión y con la Semana Santa. Miembro de la familia Carro, una de las más conocidas de todo Lugo -prima de Ángel Carro, expresidente del Círculo das Artes y dinamizador del deporte en Lugo durante el siglo XX-, nos recibe en su piso de la zona vieja de la ciudad con la mascarilla reglamentaria. «Justo me vacunan esta semana con la primera dosis», explica con una sonrisa que se distingue a la perfección a pesar de tener oculta media cara. Expresidenta de la ONG Manos Unidas, cuenta con resignación que, por segundo año, tendrá que adaptar sus costumbres durante la Semana Santa a la pandemia. «Hemos tenido que renunciar a hacer actividades como la Cena del Hambre, las mesas informativas, el rastrillo solidario o las charlas de los misioneros, y es una verdadera pena», dice.

Su labor de dirección al frente de Manos Unidas durante 22 años estableció un vínculo entre ella y el voluntariado desde la iniciativa religiosa: «Manos Unidas es como mi octavo hijo. Así lo siento, porque he dedicado mi vida a ello y no puedo estar más orgullosa de haberlo hecho». 36 años después de entrar en la asociación, sigue colaborando con ellos «en lo que me pidan». Con 82 años, Carro tendrá que conformarse con vivir la Semana Santa y apoyar a la ONG casi exclusivamente desde su salón.

Manos Unidas, como se define a sí misma en su web, es «una ONG de desarrollo de la Iglesia Católica y de voluntarios», y cuya misión «es la lucha contra el hambre, el subdesarrollo y la falta de instrucción y trabajar para erradicar las causas estructurales que las producen: la injusticia, el desigual reparto de los bienes y las oportunidades entre las personas y los pueblos».

Un viaje a la India en el año 1988, como voluntaria, le «cambió la vida», según dice. «Varios representantes de Manos Unidas fuimos a intermediar con el alcalde, si se le puede llamar así, de una localidad de la India. Queríamos construir varias leproserías para ayudar a los enfermos, y nunca olvidaré el agradecimiento de sus ciudadanos cuando lo conseguimos», dice.

Hace ya muchos años que no viaja por motivos de voluntariado, pero sigue entregada a la ONG para lo que la necesiten, como desde hace 36 años.

«El altar preside la mesa y a veces me santiguo cuando paso por delante, pero solo es un detalle»

Para Pepa Carro, la Semana Santa significa mucho más que para la mayoría de lucenses. Durante toda su vida, muy vinculada a la religión y a esta tradición, ha vivido esta época como una de las más intensas del año. «En un momento normal, hoy bajaría a ver la procesión, luego iría a la misa a la Catedral, y acabaría el día con la Cena del Hambre de Manos Unidas junto a todos los compañeros. Este año no va a ser posible, pero hay que ser responsables para que pueda serlo el que viene», explica. Lo que más echa en falta, según dice, son las procesiones, ya que «creo que hasta la gente que no practica el catolicismo las disfruta mucho, y le cambian la cara a la ciudad durante las fiestas». Con respecto a lo organizado por la ONG, explica que «tenemos miedo por el virus, claro», pero siguen «intentando mantener viva la asociación con otro tipo de acciones».

Una de las medidas que ha tomado Carro para vivir la Semana Santa, aunque sea en miniatura, es montar un pequeño altar en su propio salón. En él, se pueden observar dos jarrones con flores, una figura de Cristo en la cruz, y una vela con el logotipo de Manos Unidas. «Preside la mesa en cada comida, cuando rezamos todos juntos, y de vez en cuando me santiguo cuando paso por delante de él. Más allá de eso es solo un detalle, pero me resulta agradable tenerlo puesto».

Uno de los deberes pendientes de la asociación, desde su punto de vista, es la «acción para atraer a los jóvenes». Según cuenta, «antes muchos chicos y chicas hacían actividades con nosotros, como mesas informativas y reparto de octavillas, pero cada vez se ve menos». Además, cuenta con orgullo uno de los viajes que realizaron unos misioneros a Bolivia hace unos años, «una chica de 18 años y un chico de 20», quienes «mostraron una voluntad y una solidaridad tremendas».

Sin procesiones de Semana Santa, pero con altares privados en casa

UXÍA CARRERA

La Semana Santa del año pasado fue el primer gran evento que se tuvo que cancelar por el coronavirus, a pesar de que parecía impensable. Durante estos 12 meses, el virus trastocó, como todo, las celebraciones religiosas, que llegan de nuevo a una de las citas más importantes del año sin poder permitir aglomeraciones. La Semana Santa de Lugo, declarada Fiesta de Interés Turístico desde el 2019, no tendrá procesiones multitudinarias ni grandes actos, pero la tradición no ha desaparecido, sino que pasó al ámbito íntimo. Así lo cuentan las tres tiendas de artículos religiosos de la ciudad de Lugo.

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