Hace 40 años, Calvo-Sotelo venía como presidente a Lugo por primera vez

Eligió Ribadeo para su primer descanso tras acceder a la jefatura del Gobierno

Leopoldo Calvo--Sotelo, navegando por la ría de Ribadeo en los años ochenta, con el Puente de los Santos en obras detrás
Leopoldo Calvo--Sotelo, navegando por la ría de Ribadeo en los años ochenta, con el Puente de los Santos en obras detrás

LUGO / LA VOZ

Las visitas de Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo (1926-2008) a Ribadeo no eran una novedad para los ribadenses y los residentes en localidades cercanas ni para quienes conociesen un poco el perfil de este político. Sin embargo, en 1981 llegó a Galicia un sábado al mediodía con un plan nada extraño, pasar un fin de semana en Ribadeo, pero con unas características muy destacadas: hacía un mes que había sido elegido presidente del Gobierno.

La visita fue breve pero especial. Calvo-Sotelo no solo pisaba Galicia como jefe del ejecutivo, sino que se trataba del primer descanso del que disfrutaba tras haber accedido a ese puesto. Al salir del avión, hace 40 años, en Lavacolla, comentó a los periodistas que venía a tomarse un respiro y que sus declaraciones no se iban a centrar en la actualidad política.

 Si las primeras semanas de un jefe de Gobierno suponen un cierto estrés, en este caso la tensión ya se disparó en la votación: la sesión del Congreso, en la tarde del 23 de febrero, en la que se iba a elegir nuevo presidente tras la dimisión de Adolfo Suárez fue interrumpida por la fuerza al entrar el teniente coronel Tejero en el hemiciclo. Aunque el golpe de Estado no triunfó, a nadie debería sorprender que Calvo-Sotelo viniese a Galicia en busca de tranquilidad.

El viaje de Santiago de Compostela a Ribadeo se hizo en coche, con el presidente al volante. Hubo una parada en Guitiriz para comprar una torta de maíz y un pequeño desvío en la costa, ya que el político y su esposa, Pilar Ibáñez-Martín, comieron en un restaurante de las afueras de Foz. El programa del fin de semana tuvo la ría de Ribadeo como elemento destacado, algo muy habitual en las estancias vacacionales de Calvo Sotelo a lo largo de décadas. El sábado subió al monte de Santa Cruz, que ofrece unas amplias vistas del estuario del Eo y del occidente asturiano. El domingo oyó misa en la capilla de San Miguel, situada en la orilla gallega de la desembocadura y cerca de su casa, y cruzó en lancha a Figueras (Castropol) para comer. Luego paseó con su esposa por el muelle, volvió a Ribadeo y cogió el coche para tomar en Lavacolla el avión de regreso a Madrid. De nuevo paró en Guitiriz para comprar una torta. Vino a descansar, si bien se reunió con la corporación de Ribadeo, que le expuso necesidades del municipio.

Aunque nacido en Madrid, sus raíces ribadenses y gallegas eran firmes. Su abuelo paterno, Pedro Calvo Camina, fue juez en Castropol, y su abuela materna, Elisa Sotelo, nació en Viveiro y vivió en Ribadeo. Su abuelo materno, Ramón Bustelo, fue diputado por Ribadeo en la primeras décadas del siglo pasado, y en esa villa vivió con su esposa, Rosario Vázquez, nacida en Monterroso. Calvo-Sotelo vivió en Ribadeo en su niñez, está enterrado en la localidad y Juan Carlos I le concedió el título de marqués de la ría de Ribadeo. Sus viajes a Ribadeo se mantuvieron siendo presidente y tras dejar la política.

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