Casi 2.000 familias acuden al Banco de Alimentos de Lugo cada semana

«Aquí han llegado a venir responsables de negocios enormes, con cientos de personas a su cargo», explica la responsable del colectivo


LUGO / la voz

«La pandemia ha hecho que gente que jamás se hubiese planteado necesitar ayuda se haya visto obligada a pasar por aquí una vez a la semana». Así comienza Amadora Núñez, fundadora y responsable del Banco de Alimentos de Lugo, a explicar el funcionamiento de la organización durante el año del covid-19. A pesar de que las llamadas «colas del hambre» han reducido su tamaño con respecto a lo que eran hace unos meses, en lo peor de la pandemia, el reguero de gente sigue prácticamente dando la vuelta a la nave industrial donde tiene sede el banco.

Las asociaciones del sector del Banco de Alimentos ya sufrieron un aumento de usuarios durante la crisis del ladrillo a partir del año 2008. Sin embargo, la velocidad y el impacto que ha tenido la crisis económica derivada del coronavirus ha supuesto un repunte en el número de personas que requieren de sus servicios. En concreto, según los datos del colectivo, casi 2.000 familias residentes en Lugo acuden a recoger alimentos cada semana a la nave que tienen en el polígono de O Ceao. Más de 20 toneladas se alimentos son entregadas a los hombres y mujeres que hacen fila frente al edificio, en muchos casos acompañados de sus hijos e hijas. Según Núñez, cuentan con más de 600 pequeños menores de siete años que se benefician de los repartos actualmente. «Aquí viene gente de todo tipo, pero es cierto que las madres y los padres de familia que solo piensan en que sus hijos no pasen hambre son muy habituales», explica la fundadora.

Según varios de los voluntarios del Banco de Alimentos, la presencia mayoritaria de mujeres en la cola no es una casualidad. «Muchas veces, son los padres quienes vienen las primeras veces, pero como les vemos tan cohibidos y nerviosos, muchas veces les decimos que avisen en casa si hay alguna mujer para que venga en su lugar. Hay un serio problema con la sensación de fracaso que tienen muchos hombres cuando acuden a nosotros, algo que en las mujeres pasa menos», explican. «Aquí ha llegado a venir gente que era responsable de negocios enormes, con decenas de personas a su cargo», dice Núñez. A pesar de que el perfil mayoritario es el de familias con niños, en la fila se observan personas de todas las edades, sectores, estilos y razas.

El colectivo recibe los alimentos a base de donaciones de empresas del sector, a través de las cuales les llega, principalmente, leche, fruta, pasta, legumbres, arroz y aceite. Si las donaciones no son suficientes, hacen uso del dinero que han ido acumulando a base de aportaciones particulares o de otras asociaciones. Según explica la responsable, les llegan ayudas de todos los tipos: «Desde niños que nos envían seis euros que les dan de paga hasta donaciones anónimas de 6.000 euros», cuentan.

Yolanda, una de las voluntarias, explica que es un trabajo «que paga a pena». Anteriormente auxiliar de enfermería, lleva ya unos meses colaborando en el banco. «Supoño que o de axudar á xente vaime no sangue», bromea. El banco cuenta actualmente con 32 voluntarios en total los días de más actividad. Para hacer una aportación, se puede llamar al 649 74 21 45 o acercase a la central del Banco de Alimentos, en la Rúa do Comercio, 152, Lugo.

Roberto, cubano de 54 años usuario del Banco de Alimentos de Lugo
Roberto, cubano de 54 años usuario del Banco de Alimentos de Lugo

Un usuario: «Vine con mi familia buscando trabajo, pero ya llevo tres años y no aparece»

La emigración no entiende de edad. La cola del Banco de Alimentos tampoco entiende de nacionalidades. Estos dos factores han acabado con Roberto, un cubano de 54 años, haciendo fila como el resto. Él es una muestra del carácter afable y optimista de muchos caribeños, ya que charla y ríe con algún compañero de la fila mientras ambos esperan su turno. Accede amistosamente a contar su historia, y la razón por la que se encuentra en la cola del Banco de Alimentos.

Roberto llegó de Cuba hace unos años, en busca de un nuevo trabajo en España. A pesar de que en su país de origen no le faltaban ofertas, «no eran suficiente para pagar todos los gastos que tenía mi familia, por lo que decidí aventurarme y venirme a Lugo», explica. Sus abuelos eran ambos lucenses, y esa fue una de las razones por las que se decidió a escoger este destino.

Cuenta Roberto que, tras llegar él, pronto arribaron también su hija adolescente y su esposa. La primera está cursando unos estudios superiores de imagen, y la segunda trabaja cuidando a personas dependientes. Roberto, mientras busca trabajo, está finalizando un curso de manipulación de cargas y carretillas. «Con el pobre sueldo de mi mujer no nos alcanza, así que venimos aquí de vez en cuando», comenta. Llevan ya tres años acudiendo al banco, según dice.

Naiara, otra de las chicas que hace cola frente al edificio, explica que nunca pensó tener que acudir a solicitar alimentos, pero que la pandemia «nos afecta a todos». Anteriormente limpiadora de un cine de Lugo, el cierre de las salas supuso el fin de la actividad de todo su sector, por lo que se quedó sin empleo en un momento en el que no lo esperaba. Explica que tiene dos hijos a su cargo, y que lleva acudiendo al Banco de Alimentos varios meses, desde poco después del inicio de la pandemia de covid-19, en marzo del año 2020.

Uno de los casos más curiosos es el de Elwin. Llegó a España siendo un joven, pero se vio obligado a acudir a la cola del banco desde muy pronto. Es una de las personas que mejor conoce el funcionamiento de la organización, pero no solamente por haber sido usuario, sino que también porque ahora es el responsable de los pedidos de toda la asociación. Conforme su situación se fue estabilizando, pudo comenzar a formarse. Estudió un curso superior de informática, y creó un sistema con el que tramitar y llevar un registro de los pedidos del colectivo de una forma fácil y cómoda. En poco tiempo, pasó de estar en la cola a estar repartiendo él los alimentos.

Lucía Fernández, Cruz Roja: «Aunque estamos al límite, lo peor llegará en mayo»

No es el Banco de Alimentos la única asociación que ayuda a las personas en situación de necesidad en Lugo. Desde Cruz Roja, Lucía Fernández, técnico del programa de atención urgente de necesidades básicas, explica la situación a la que se enfrentan en Lugo. «Atendemos a las familias a todos los niveles. Antes de la pandemia, lo normal es que pidieran ayuda para pagar facturas, el alquiler o gastos de este tipo. Ahora, directamente no pueden comer sin una ayuda económica. Estamos cubriendo necesidades básicas de un montón de ciudadanos, pero estamos en el límite del límite».

El testimonio de Fernández va en consonancia con los datos aportados por la Cruz Roja con respecto a la asistencia en España durante la pandemia. Más de 3,5 millones de personas recibieron ayuda de este organismo este año; 23.728 de ellas, en Lugo. La mayoría requerían asistencia, pero una gran cantidad solicitaban apoyo en forma de bienes, acompañamiento o de ayudas económicas. «Somos la segunda uci, porque mucha gente acude a nosotros a causa de los efectos del covid-19», dice Fernández. Para ella, la pérdida de empleos ha sido una de las causas principales del aumento de usuarios. «Mucha gente puede pensar que solo vienen personas inmigrantes, pero la cantidad de lucenses que necesitan asistencia es enorme. Y será mucho peor a partir de mayo, cuando se dejen de cobrar los ERTE. Va a venir una ola tremenda», vaticina. Quien quiera ayudar puede llamar al 982 23 16 13 para ayudar si lo desea.

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