Hace 20 años, ya estaba decidido que el trazado de la A-8 pasaría por Vilalba

Álvarez-Cascos subrayaba que el paso por la Terra Chá no admitía discusión

La A-8 cerca de O Fiouco, de donde baja hacia Abadín para seguir hacia Vilalba
La A-8 cerca de O Fiouco, de donde baja hacia Abadín para seguir hacia Vilalba

VILALBA / LA VOZ

La construcción de una autovía por el norte de España fue una reclamación que en las últimas décadas cobró forma. Galicia y Asturias asumieron como necesaria una vía de comunicación acorde con las necesidades de los tiempos, pero lo que generó unanimidad también acabó causando controversia. El trazado que seguiría esa autovía en Galicia se convirtió en una de las polémicas más intensas en el norte gallego en los últimos años de la década de los noventa.

Tras saberse que la transcantábrica entraría en la comunidad por el puente de los Santos, que va de Figueras (Castropol) a Ribadeo en la desembocadura del Eo, el trazado que seguiría después de pasar por Barreiros desató un acalorado debate: costa o interior, final en Ferrol o llegada a Baamonde para enlazar con la autovía del Noroeste (A-6), construida poco antes.

Hace ahora 20 años, la decisión estaba tomada, como aseguraba el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos: el Gobierno había acordado que la A-8 pasase por Lourenzá, Mondoñedo, Abadín y Vilalba, descartando un trazado por A Mariña y Ortegal hacia la ciudad departamental. No obstante, ni los defensores de la opción cercana a la costa se sintieron convencidos, ni el proceso posterior, la construcción de la infraestructura, fue un camino de rosas.

Hubo que esperar seis años hasta ver en servicio los primeros kilómetros de la A-8 en Galicia. En el 2007 se pudo circular por el tramo Ribadeo-Reinante, primera señal de que el avance de las obras no iría acompasado con el paso de los kilómetros: por ejemplo, aún no se había aumentado el puente de los Santos, del que se aprovechó la estructura original sobre la ría de Ribadeo, inaugurada en 1987, para construir dos carriles más.

Lo mismo ocurrió en el interior. La A-8 se unió con la A-6 en Baamonde en el 2008, lo que suponía un avance, pues los dos tramos anteriores, Vilalba-Regovide y Regovide-Abeledo, se habían inaugurado un año antes. Sin embargo, hubo que esperar a febrero del 2014 para que la transcantábrica estuviese terminada. En ese momento se inauguraron los tramos Mondoñedo-Lindín y Lindín-Carreira, en los que la autovía discurre por la ladera del monte Padornelo (Mondoñedo) y sube hacia O Fiouco (A Pastoriza), donde alcanza su mayor altitud (698 metros).

El objetivo de una vía de alta capacidad que conectase Galicia con toda la cornisa cantábrica y diese salida hacia Europa estaba cumplido. En cambio, no quedaban superadas las dificultades: pronto aparecieron los problemas de niebla en el entorno de O Fiouco, las complicaciones para el tráfico y la necesidad de usar otra vez la carretera N-634 por los cierres de la A-8 debido a la niebla. El Gobierno asumió la conveniencia de mejorar la seguridad, pero los prototipos elegidos como posibles soluciones aún están en fase de pruebas.

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