Lázaro, el cachorro superviviente que ayudó a resolver una investigación de maltrato animal

El Seprona localizó a la autora de la muerte de diez perros mediante ADN

Los cachorros se congelaron como posible prueba
Los cachorros se congelaron como posible prueba

LUGO

La Guardia Civil imputa a una vecina de la parroquia lucense de Muxa un delito de maltrato animal —que puede llegar a pena de cárcel— por arrojar una camada de perros recién nacidos a un contenedor dentro de un saco y colocarles una piedra encima. De los diez cacharros consiguió salvarse uno de ellos gracias a la intervención del veterinario de la Protectora de Lugo y este cachorro y la madre fueron suficientes para que los agentes del Seprona pudiesen demostrar científicamente mediante ADN que la mujer de Muxa era la autora de la muerte de los diez perros e imputarle ahora el delito de maltrato animal.

Los hechos ocurrieron en mayo del año pasado. Una denuncia alertó de un saco en un contenedor en la zona de A Campiña que por los movimientos y ruidos parecía tener animales vivos dentro. El veterinario de la protectora de Lugo se personó en el lugar y halló el saco de pienso, con una piedra encima. Al sacarlo del contenedor y abrirlo encontró una camada de once cachorros recién nacidos. Siete estaban muertos por efecto de las asfixia del saco y el peso de la piedra, pero cuatro aún tenían vida, por lo que se los llevó para darles calor y comida y consiguió que sobreviviesen unas horas, aunque finalmente tres de ellos también murieron y solo sobrevivió uno. El veterinario hizo un informe que envió al juzgado y al Seprona pidiendo una investigación para el que el autor de los hechos respondiese penalmente. Congeló los cachorros muertos para que un análisis de ADN pudiese cotejarse con la madre y tener una prueba científica, pero finalmente ni siquiera fue necesario recurrir a los cadáveres congelados, ya que el cachorro superviviente y su madre fueron suficientes para demostrar quien era la propietaria de la camada, que ahora tendrá que enfrentarse a juicio por estos hechos.

Tras recibir la denuncia del veterinario de la protectora, los agentes de la Guardia Civil adscritos al Seprona de Lugo iniciaron la investigación en la zona de A Campiña para dar con el autor de los hechos. Tras diversas pesquisas encontraron una perra que por el estado de las mamas parecía haber tenido una camada, aunque la propietaria no lo confirmó. La perra, un cruce de pastor alemán, no estaba legal porque no tenía el chip, así que los agentes ya levantaron acta de esta irregularidad y le hicieron un frotis en la boca para tener una muestra de saliva. A través del veterinario de la protectora localizaron en días posteriores al cachorro superviviente, quizá por ello bautizado como Lázaro, que ya estaba adoptado por una familia lucense. Tomaron también una muestra de saliva del cachorro y enviaron las dos pruebas al laboratorio de criminalística de la Guardia Civil. Pasados unos meses, recibieron el resultado: Lázaro es científicamente hijo de la perra de Muxa, al igual que se certifica en los humanos. Por tanto, la imputación a la propietaria de la perra fue automática, el quedar probado que Lázaro y sus diez hermanos que murieron asfixiados en el saco eran hijos de la perra recién parada localizada en Muxa.

Es la primera vez en Lugo que la Guardia Civil cuenta como se imputa fácilmente la muerte de un animal a una persona mediante las pruebas de ADN que certifica el laboratorio central de criminalística de la Guardia Civil en Madrid. La comparación de los dos perfiles genéticos, algo que se puede hacer casi de inmediato, supone ahora una prueba científica para el juzgado contra esta mujer de Muxa.

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