Enrique Alcorta: «Por donde hoy paseamos, hace dos mil años hacía guardia un soldado»

Considera que toda la parte social vinculada a la Muralla está sin desvelar

El arqueólogo Enrique Alcorta
El arqueólogo Enrique Alcorta

lugo / la voz

Imagínese 1.700 años atrás caminando desde las termas romanas, a los pies de la ciudad de Lugo, hacia el centro de lo que entonces era Lucus Augusti. La imagen que le recibiría podría ser una enorme zona verde, quizás campos, coronada por una gigantesca muralla blanca que servía de mecanismo defensivo y probablemente también simbólico. Porque lo que hoy es piedra, hace casi dos milenios estaba recubierto, según los arqueólogos, de una capa de cal que convertía a la Muralla en un cinturón encalado y magnífico. Este es uno de los pequeños detalles que el responsable de la sección de Arqueología e Historia del Museo Provincial de Lugo, Enrique Alcorta, desliza mientras narra la historia del monumento, que desde hace dos décadas es Patrimonio de la Humanidad.

-Han pasado veinte años desde que la Muralla fue designada Patrimonio por la Unesco. Eso supuso un antes y un después.

-Sí, pero hay que tener en cuenta que la Muralla de Lugo no es solo el monumento. También es su contexto y sus historias. Podría decirse que es un patrimonio raro porque es un monumento, pero está vivo.

-Durante años se ha investigado, pero ¿quedan por conocerse más secretos?

-Está bastante investigada en lo constructivo, pero hay muchísimas cuestiones que desconocemos y que están vinculadas con la parte más social. Por donde nosotros paseamos, caminó hace dos mil años un legionario y a las dos de la madrugada había soldados que tenían que hacer guardia. No se puede perder eso de vista.

-Eso puede poner en contexto al visitante.

-Sí, y hay muchísimas preguntas para las que aún no tenemos respuesta. Por ejemplo, cuántos años llevó construirla. Se cree que unos 20, pero no se sabe. ¿Cuánta gente se empleó? ¿Fue una construcción civil o militar? No lo sabemos. Sí sabemos que probablemente había cuadrillas, unas se encargaban de un tramo y otras de otro, pero se desconoce si los que la levantaron trabajaban solo en primavera y verano o también en otoño e invierno.

-Queda por desvelar la parte del día a día.

-Me encantaría resolver todo este tipo de dudas en un congreso con especialistas de distintas ramas, por ejemplo, gente experta en ataques a la ciudad, porque jamás se debe perder de vista que estamos ante una construcción de ingeniería militar. Los sistemas de defensa de la muralla dependen de los sistemas de ataque, entonces, ¿cómo se podía atacar y cómo se defendía? Eso nos daría muchas pistas. Por ejemplo, una de las cosas más raras que tiene esta muralla es que la distancia entre cubos es muy pequeña. ¿Por que tiene 85 escaleras? ¿Es que el vecindario corría a la primera entrada?

-Son muchas dudas.

-Sí, y hay más. La cohorte lucense tendría 600 hombres. Hay teorías que apuntan que las torres de la muralla servían para alojar a esos soldados, pero también había que alimentarlos. Eso supone que por ejemplo el campo alrededor tendría que estar cultivado. Hay muchísimas cosas que desconocemos. Creo que habría que hacer un congreso en el que participasen topógrafos, militares, arqueólogos... Y también otro que se analizase de la mano del turismo, de la pedagogía, de los servicios. Conocer realmente cómo puede difundirse este monumento. Nos queda mucho por hacer. Recuperar el entorno, insistir en la limpieza, difundirla... Todos estamos implicados y cada uno tiene una pequeña misión.

«Al representante de la Unesco lo que más le sorprendió fue que la Muralla estaba viva»

Enrique Alcorta es, probablemente, uno de los arqueólogos que más ha excavado en la Muralla. Participó en el proyecto para lograr la declaración de Patrimonio, y hace quince años fue uno de los ponentes en el mayor congreso celebrado hasta el momento sobre el monumento romano.

-¿Qué fue lo que hace dos décadas hizo merecedora a la Muralla de la distinción como Patrimonio de la Humanidad?

-Los criterios por los que fue declarada fueron varios. El primero fue su integridad, es decir, tiene el perímetro completo. Cuando se planteó su candidatura, se comparó con Carcasona y Nimes. Nimes es mucho más monumental, pero no tiene el perímetro completo, y Carcasona sí, pero tiene muchos motivos añadidos y modernos. Aquí el circuito es íntegro, uno puede dar toda la vuelta, y todos los elementos son históricos, incluidas las puertas que rompen la muralla. Tiene, además, elementos novedosos, como las escaleras, y también se tuvo en cuenta que se pudieron estudiar los elementos de construcción. Se ven, por ejemplo, fisuras porque la muralla se fue haciendo a cachos. Luego, el elemento social tuvo mucho peso, la gente sube, baja, pasea, la vive. En contra estaría el entorno.

-¿El hecho de ser un elemento vivo fue clave para la designación?

-Totalmente. Recuerdo que al representante de la Unesco que vino a Lugo, Jean Pierre Adam, la cosa que más le sorprendió fue que la muralla estaba viva. A una catedral no vas a correr ni a pasear al perro, pero al adarve sí. Tras veinte años, tenemos que seguir promocionando ese aspecto social. En otras ciudades vas a caminar a un parque, aquí lo haces sobre un monumento.

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