A un hombre excepcional: Mariano Castiñeira

El fallecimiento del entrenador lucense afectó al mundo del atletismo gallego

Castiñeira, en una charla
Castiñeira, en una charla

Ex Presidente Fed. G. de Atletismo

Haber sido presidente de la Federación Gallega de Atletismo fue todo un privilegio que me permitió conocer a lo largo de treinta años algunas personas -de distintas condiciones y cualidades- pero todas ellas bajo el denominador común de entender el atletismo como un deporte esencial en la formación de los valores fundamentales que deben presidir las acciones de todo ser humano. Una de ellas, toda una personalidad con mayúsculas, fue el doctor Mariano Castiñeira a quién conocí cuando todavía no tenía tal condición y se iniciaba en el atletismo en su ciudad natal de Pontevedra. Terminada su carrera de medicina, que ejerció en Lugo, su fama como médico especialista en traumatología iba en aumento sin dejar a la zaga la de deportista entregado al atletismo, principalmente como entrenador. En esta doble faceta de médico entrenador tuvo en todo momento un comportamiento extraordinario que puso siempre al servicio de la Federación de forma altruista e incondicional, por lo que con su fallecimiento reciente se pierde no solo al deportista y eficaz colaborador si no a un entrañable amigo.

Sería muy difícil entender el atletismo de Galicia, y aún más allá de nuestra Comunidad, sin la figura de Mariano Castiñeira porque fue padre, madre y abuelo de muchísimos atletas destacados en el ránking nacional e internacional, con cuatro olímpicos en su haber, hecho insólito solo posible cuando existen grandes dotes de liderazgo y entrega como las que él puso de manifiesto y que siempre le serán reconocidas. A su consulta acudían no solo atletas de toda Galicia sino también sus familiares con todo tipo de problemas a los que Mariano buscaba solución y daba consejo. Tal dualidad y entrega es difícilmente repetible y la Junta Directiva de mi Federación, como modesta recompensa a sus innumerables aportaciones al atletismo galaico, tuvo a bien concederle en 2004 la Insignia de Oro de la Federación Gallega de Atletismo que tuve el honor de imponerle personalmente. Mariano fue fundamental para el envidiado crecimiento de su club, el Lucus Caixa Rural, al que de modo permanente se dedicó hasta su último aliento por lo que su pérdida supone un valor irreparable.

En lo atlético vivió en 1992, con motivo de la olimpiada de Barcelona, uno de sus peores momentos, quizá el peor, al lesionarse en Hungría su pupilo y primer olímpico Tito Margaride que le obligó a mantener un pulso con la propia Federación Española de Atletismo que gracias a su tenacidad y razonamientos se resolvió satisfactoriamente después de meses de confrontación. Tengamos presente aquella mención que Fermín Cacho-oro olímpico en la distancia de 1.500 m.- tuvo hacia el formidable atleta de A Pontenova.

Aprovechando estas palabras de recuerdo y especial cariño a Mariano, también me veo obligado a recordar a otro importantísimo atleta del panorama mundial de la marcha que no es otro que Jordi Llopart, que la casualidad hizo que falleciese el mismo día y por circunstancias muy similares. Este atleta catalán, campeón de España en 50 Km marcha en los años 1979, 81 ,85, 86, 89, 90 y 1991 fue el primer atleta español en lograr una medalla olímpica y lo hizo en los JJ.OO. de Moscú en 1980 al que ar segundo en esta misma distancia. No solo por estos excepcionales méritos quiero recordar a este también gran amigo, sino porque fue un colaborador fundamental en apoyo a mi propuesta para la creación del Gran Premio Internacional de Marcha “Ciudad de La Coruña” a mediados de los años 80 que tuvo su máxima expresión en la Copa del Mundo de 2006 celebrada en esta ciudad siendo alcalde Paco Vázquez, que ante la falta de medios económicos suficientes para tal acontecimiento acuñó aquella frase «Dios proveerá».

Volviendo a Mariano, destacar que entre otros muchos reconocimientos fue Medalla de la Xunta de Galicia por el deporte y Medalla de Oro del Club Lucus Caixa Rural.

No puedo terminar sin testimoniar a su esposa Luisa que siempre y en todo momento apoyó a su esposo, a sus hijos Mariano, Luisita y Carmen y a la propia Federación Gallega de Atletismo en general y Club Lucus en particular mi más sentido pesar por tan irreparable pérdida, pero con el convencimiento de que vivirá siempre en nuestros corazones y nos seguirá entrenando desde el Cielo.

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