«Nunca na vida se acorda algo igual co pulpo, o deste ano é unha pobreza»

Los pulpeiros sobreviven a los primeros días a pesar del covid-19 y el mal tiempo


lugo / la voz

Las fiestas de San Froilán, tal y como las entendemos en los últimos años, son varios elementos que unidos crean su carácter especial. Pero si hay algo que las define es el pulpo, en la medida en que toda fiesta está asociada al momento se sentarse ante la mesa. Este año, sin casetas, han cobrado más protagonismo los calderos de los pulpeiros que ya tradicionalmente se instalaban en diferentes barrios de la ciudad.

Los pulpeiros de Galicia han acudido a pesar de las restricciones de covid-19 que hay en la ciudad porque al final, explican, necesitan ingresar para compensar las pérdidas de los meses de cierre del estado de alarma y de la clausura de fiestas y ferias de verano.

«Este ano teño un 10 % das reservas que tiven o pasado San Froilán», explica Manolo de Marce, histórico hostelero de Lugo que tuvo durante lustros caseta en el ferial y desde hace cuatro años regenta un negocio en la Praza da Soidade. Y el verano, explica, fue muy malo, con un 40 % menos de ventas que el agosto del 2019. «Ao final, como outros compañeiros, estamos para cubrir gastos, porque como isto siga así, moitos terán que pechar».

Su mujer, Mari Carmen, despacha raciones de pulpo a 12 euros para los clientes que acuden con táperes o potas de casa, porque dentro del restaurante apenas entran clientes. «Levo máis de 40 anos cortando pulpo e o deste ano é unha pobreza, nunca na se vida se acorda algo igual». Lo que deberían ser colas a la entrada del local, o bien para entrar o bien para encargar pulpo, este domingo de inicio de patronales era tranquilidad. «O pasado ano contratamos cinco persoas, e iste con dous chega, xa que dá unha idea do que vivimos», explica Manolo de Marce.

Frente a la veteranía se instala en Lugo también la juventud. Susana, a sus 31 años, mamó desde niña la tradición del pulpo de O Carballiño que le inculcó su padre y su tío. Este es el segundo año que despacha el cefalópodo desde el lugar con mejores vistas para comerlo de la ciudad, la terraza del Hotel Méndez Núñez, en plena Rúa da Raíña. Desde las alturas, Susana explica con ilusión cómo vive una situación tan especial y aunque lamenta que la temporada de ferias de este año se perdió, confía en que lo poco que queda de San Froilán sirva de ayuda. «La gente de Lugo es majísima, muy agradecida y sabe valorar el buen pulpo», explica Susana, quien ha vivido desde niña entre calderos, platos de madera y sal y pimienta.

Ella aguantó la crisis de precios de hace un par de años, cuando comer una ración de pulpo era tan caro como el marisco. «Muchos no pudieron salir adelante», explica esta joven pulpeira gallega que demuestra que la ilusión de la juventud pone buena cara al mal tiempo (este domingo llovía a mares) y a la pandemia.

El pulpo del San Froilán cambia el plato por el táper

lorena garcía calvo
Los pulpeiros dicen que este año los clientes prefieren llevarse el pulpo para casa
Los pulpeiros dicen que este año los clientes prefieren llevarse el pulpo para casa

Los pulpeiros despachan más raciones para casa que para comer en los locales

Este San Froilán, extraño donde los haya, el pulpo se degusta en casa. Lo dicen los pulpeiros, que son los que saben del negocio y los que estos primeros días de octubre afilan las tijeras con la esperanza de que el patrón de Lugo eche un cable a la hostelería.

Aunque la semana cultural del San Froilán no comienza hasta este domingo, este sábado ya se podían ver en la ciudad los primeros calderos a pie de calle y más demanda que un sábado cualquiera en los locales especializados. «Sobre todo está habendo encargos, xente para comer no local non hai moita, porque ademais seguimos coas restricións», explican Teresa y Marina, de la mítica Pulpería Lareira. El negocio lleva 40 años funcionando en A Milagrosa y ni el coronavirus impide que sus pulpeiras se afanen en trocear el cefalópodo con maestría. Eso si, a menor ritmo. «Hai un pouco máis de axetreo ca un día normal e xa temos encargas para hoxe e mañá, pero non é o doutros anos, está a cousa frouxiña», describen.

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