¿Otro año sin San Froilán, como cuando se perdió la guerra de Cuba?

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo LUGO / LA VOZ

LUGO

Instantánea del San Froilán en Lugo en los años 40
Instantánea del San Froilán en Lugo en los años 40 No disponible

Durante la Guerra Civil se mantuvieron los festejos, pero con un perfil bajo

17 sep 2020 . Actualizado a las 04:18 h.

«Con motivo de las circunstancias especiales por que atraviesa la Nación, que no son propias para festejos, poco hay que describir acerca del día de San Froilán de este año». Con esas palabras, el 7 de octubre de 1936, recogía La Voz de Galicia (en la imagen de abajo, la página de aquel día) cómo habían transcurrido los festejos en honor al patrón de la ciudad. Aquel año fatídico, con España sumida en la Guerra Civil, las fiestas habían rebajado su perfil: La feria de ganado estuvo poco concurrida; se disputó un encuentro de fútbol entre el equipo local y la selección de Santiago que acabó 3-1; y los pequeños automóviles eléctricos de las atracciones acabaron cobrándose toda la atención hasta que la lluvia, que se inmiscuyó a partir de las cuatro de la tarde, amargó la tímida celebración, recoge la crónica.

La guerra no pudo en su momento con el San Froilán, pero quizás el coronavirus sí lo haga este año. La pandemia sigue azotando con saña Lugo, y aunque la situación se está estabilizando, el gobierno local no decidirá hasta la próxima semana si programa pequeños actos con los que mantener vivo el espíritu, o si directamente lo anula todo. De ser así, no sería la primera vez que esto sucede en la larga tradición de la fiesta más concurrida del otoño gallego.

El viaje en el tiempo hasta los orígenes del San Froilán se remonta al siglo XV, cuando empezó el culto al santo con la construcción de una capilla en su honor en la catedral. Pasarían un buen puñado de años hasta que en 1610, auspiciada por el obispo Alonso López, se fundó la cofradía y se trajeron a la ciudad las reliquias del santo para darle más impulso al culto, comenzando ya por aquel entonces a ir de la mano las celebraciones religiosas y las profanas.