Los okupas de Lugo llaman a la policía para sacarse de encima a los propietarios

Lucía Rodríguez Peña LUGO / LA VOZ

LUGO

Barrio de A Milagrosa, donde un grupo de cinco personas entró a robar en una casa
Barrio de A Milagrosa, donde un grupo de cinco personas entró a robar en una casa ALBERTO LÓPEZ

La nieta de un matrimonio cuya casa fue tomada relata una secuencia surrealista

01 jul 2020 . Actualizado a las 14:32 h.

«Tenemos miedo», dijeron los okupas a la Policía la noche del día 25, cuando hasta la casa de A Milagrosa se desplazó una nieta del matrimonio propietario de la vivienda, acompañada de otros familiares. Hicieron guardia hasta las 3.00 de la madrugada para evitar que las personas que habían entrado en casa de los señores, de 84 y 91 años, no se llevaran nada. Cuando la Policía los detuvo, al día siguiente, uno de ellos gritó a la familia: «Anda que no hay casas por ahí para venir a esta», en la que habían entrado después de que el matrimonio se trasladara a vivir con un hijo para pasar el confinamiento.

Tomaron todas las medidas de precaución posibles, pero fueron en vano. La nieta explica que cuando decidieron que sus abuelos pasaran la pandemia en casa de su padre avisaron a los vecinos y a conocidos de la zona para que, en el caso de ver algo raro, les llamaran. Además, asegura que se acercaban cada poco para comprobar que todo estaba en orden. De hecho, señala que solo hacía tres días que habían pasado por allí para recoger unos trajes.

La familia, de guardia

Pero ocurrió lo que se temían. El día 25, el padre de una amiga alertó a la nieta de que había visto entrar y salir gente de la casa de sus abuelos. Avisó a la Policía y se fue para allá. En la casa donde el matrimonio había vivido toda la vida permanecía un grupo de personas. Esa noche, la joven, acompañada de otros familiares, hizo guardia hasta las 3.00 de la madrugada frente a la puerta de la casa para evitar que se llevaran algo. «Los okupas llamaron a la Policía para decirles que tenían miedo y la Policía nos llamó para decirnos que nos teníamos que ir de allí. Que me parta un rayo si entiendo algo», lamenta esta joven, que prefiere mantener su nombre en el anonimato.