Hace 15 años, la autovía Ferrol-Vilalba avanzaba entre luces y sombras

La apertura de un tramo contrastaba con las dudas sobre la financiación de otro


LUGO / la voz

El viaje Ferrol-Vilalba por carretera ponía a prueba la prudencia y la paciencia de los conductores. La abundancia de camiones, la presencia de curvas en tramos como el que va de As Pontes a Roupar (Xermade) y la probabilidad de lluvias como corresponde al clima gallego eran factores siempre presentes. La autovía concebida para conectar ambas poblaciones y para enlazar el nordeste de A Coruña y el noroeste de Lugo con la A-8 en la capital chairega, la AG-64, también acabó convirtiéndose en una iniciativa poco aconsejable para los amantes de la prisa.

Hace 15 años, se inauguraba el segundo tramo de la autovía, comprendido entre Igrexafeita (San Sadurniño) y Espiñaredo (As Pontes). Con su entrada en servicio, la autovía sumaba otros ocho kilómetros a los 18 del tramo que va de Catabois (Ferrol) a Igrexafeita, abierto a principios de este siglo. Los ocho kilómetros de los que empezaban a disfrutar los conductores eran un avance en la conexión Ferrol-As Pontes, pero ni la comunicación entre ambas localidades se completaba ni la conexión con la autovía del Cantábrico quedaba cerca.

En junio del 2005, en plena campaña de las elecciones autonómicas en las que el PP perdería la mayoría absoluta y Manuel Fraga se presentaba por última vez como candidato a la presidencia, se inauguraba el tramo Igerexafeita-Espiñaredo, construido con una inversión de 32,6 millones de euros.

El fragor de la cercanía de la cita con las urnas pareció notarse en los discursos pronunciados, en los que no faltaron comentarios a un asunto entonces pendiente, la financiación del tramo final. Víctor Guerreiro, entonces alcalde de As Pontes (BNG), acusó al Gobierno, que presidía José Luis Rodríguez Zapatero, de paralizar el tramo Cabreiros-Vilalba. Fraga no evitó ese asunto en su intervención, pero también recordó la inversión realizada por la Xunta y subrayó las posibilidades que se abrían con el avance de la AG-64.

Hubo que esperar tres años para que la autovía entrase en la Terra Chá: en diciembre del 2008 se inauguró el tramo As Pontes-Cabreiros, caracterizado por el viaducto sobre el Eume de casi 900 metros y por el retraso derivado de la presencia de un yacimiento arqueológico en el trazado a su paso por As Pontes. Por fin, en febrero del 2010 se inauguraba el tramo Cabreiros-Vilalba, con lo que se completaba la conexión con la A-8 y Lugo y Ferrol quedaban unidas por una vía gratuita de alta capacidad sin necesidad de pagar los peajes de la AP-9.

La comunicación con la Meseta por autovía quedaba garantizada. Sin embargo, la circulación hacia Asturias y el resto de la cornisa cantábrica seguía pendiente, pues la A-8 no se terminó hasta febrero del 2014.

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