Los vecinos de Acea de Olga, en pie de guerra contra un proxeneta

Han colocado carteles para denunciar una situación que empezó en el año 2018

Los vecinos colocaron carteles como muestra de rechazo
Los vecinos colocaron carteles como muestra de rechazo

lugo / la voz

«Fóra proxenetas. Sen clientes non hai prostitución». Así clama una de las fachadas de la calle Ona de Echave, en Acea de Olga. Los vecinos de los portales cuatro y seis de esta rúa llevan dos años denunciando que en el bajo de el edificio hay proxenetismo. Aunque legalmente saben que no pueden hacer nada, asumen que tampoco pueden hacer la vista gorda, puesto que hacerlo los convierte en cómplices «dun sistema que se alimenta de mulleres vulnerables», comentan entre todos. Éticamente, se ven en la obligación de actuar de una vez por todas.

Cuando empezó el confinamiento, las mujeres prostituidas que vivían en el bajo regresaron a sus viviendas habituales. Ahora, a punto de inaugurar la fase tres, los vecinos comentan que ya han visto al proxeneta ir al bajo para «adecualo e volver de novo ao seu negocio».

Carteles en la fachada de un edificio de la Rua Ona de Chave en contra del proxenetismo
Carteles en la fachada de un edificio de la Rua Ona de Chave en contra del proxenetismo

El foco, sobre los «clientes»

Los residentes de este barrio tienen claro que su intención no es criticar a las mujeres prostituidas y quieren poner el foco sobre los hombres que «reclaman os servizos destas mulleres indefensas». Sobre el proxeneta, comentan que no se ajusta al prototipo, que «é un home normal, coma calquera, pero que leva dous anos aquí, polo lugar, como se o que fixese fose legal». Tiene entre 45 y 50 años y, explican los vecinos, podría trabajar en un taller de reparación de automóviles de la ciudad.

Corría el año 2018 cuando estos vecinos se enteraron de que alguien había alquilado uno de los pisos del bajo. Alguno de los residentes decidió plantarle cara en cuanto se percató de lo que tenía pensado hacer con las mujeres y con el local. Pero de nada sirvió. Más de 24 meses después, el vecindario dice no a la prostitución y reclama medidas urgentes por parte de las administraciones.

«Mal corpo en canto os ves»

«É moi incómodo e desagradable saber o que está a acontecer no baixo da túa casa e vivir coma se nada. Cando ves que entra algún home polo portal xa se che queda mal o corpo», comenta una vecina, que asume que no puede mirar para otro lado sabiendo la situación que se produce en este piso.

Todos los vecinos se sienten afectados por lo que está ocurriendo. «Nós non temos nada en contra destas mulleres porque non nos molestan nin son conflitivas. Ademais, van cambiando. Veñen dúas ou tres que se quedan aquí a vivir durante aproximadamente dez días. Despois, marchan, e veñen outras novas», comentan en el vecindario. Ellas rondan los 30 años y son en su mayoría migrantes. Hasta el piso llegan en coche o en taxi, habitualmente.

Cuando los hombres que deciden pagar por tener sexo con estas mujeres llegan hasta la calle Onda de Echave, el vecindario los identifica porque no llaman al timbre. Aparcan el coche - de empresa o de alta gama incluso- y se bajan con el teléfono en la mano. Entonces, alguien los espera en la puerta y les abre directamente. En el interior de la vivienda no pasan más de 20 minutos o media hora. «Outras veces, entran incluso menos tempo, polo que desconfiamos de que aquí no haxa só prostitución e que se trate tamén dun asunto de drogas», comentan los vecinos. Los hombres que pagan por verse con estas mujeres llegan a este edificio a mediodía, a partir de las siete de la tarde y también a altas horas de la madrugada.

El coronavirus destapa la realidad de las mujeres prostituidas

María Guntín
El barrio de A Tineria vacio durante el confinamiento
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Este sistema genera un daño de tal calibre que las obliga a consumir drogas para sobrellevar su vida diaria

Las mujeres prostituidas de Lugo se enfrentan a la era post coronavirus con miedo e incertidumbre. Algunas lloran de emoción cuando se les concede una ayuda y otras se replantean ahora la importancia de preservar su salud y empiezan a pensar en ellas y no solo en sus familias, que viven lejos y necesitan el dinero que les mandan. Son muchos los inquilinos que aprovechan la situación de vulnerabilidad de estas mujeres y que las presionan con el pago de los alquileres e incluso amenazan con meter a otras prostitutas en los pisos. La agonía de tener que prostituirse se impone a una realidad difícil e insoportable para muchas mujeres de la provincia de Lugo.

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