«Si vuelve la liga, los árbitros correríamos el mismo riesgo de contagio que los jugadores»

Aunque echa «mucho de menos» el baloncesto, el colegiado lucense de la LEB Oro Cristian Martín aboga por no forzar el regreso de la competición


Cuando a mediados de marzo se decretó el estado de alarma y la pandemia del covid-19 encerró a decenas de millones de españoles en sus casas, el mejor arbitro lucense de baloncesto estaba designado para dirigir el partido entre el Casablanca, de Zaragoza, y el Girona, correspondiente a la vigésimo tercera jornada de la Liga Endesa femenina. Va a hacer dos meses que no se lleva el silbato a la boca y teme que esta insólita inactividad vaya para largo. «Si finalmente no se reanuda la competición será un verano largo, un verano desde marzo. Echo mucho de menos el baloncesto», apunta, a la espera de que la FEB determine una solución y de la llamada que le auncie su próximo destino como matrón eventual.

Como los jugadores, los árbitros también se afanan por mantener a raya su condición física por si la liga vuelve. «Cuando todo esto surgió teníamos programado un plan más intenso de cara a los play-offs, las fases finales y demás, y debimos cambiar los objetivos. Ahora están más pensados en el mantenimiento. Nosotros también somos deportistas y tenemos nuestras rutinas de trabajo», explica Cristian Martín, que cumple su segunda campaña en la LEB Oro. Pero no solo el aspecto físico preocupa al estamento arbitral. «Tenemos reuniones telemáticas prácticamente todas las semanas para unificar criterios y analizar diferentes aspectos que pueden ser mejorables. La semana pasada tuvimos que trabajar 40 situaciones de juego que nos mandaron desde nuestro departamento técnico», precisa.

Aunque sufre sin poder pisar la cancha, el colegiado lucense confía en que impere el sentido común a la hora de encontrar una solución para el campeonato. «Una reanudación precoz podría acarrear un serio problema. Tienen que darse unas garantías sanitarias plenas y estoy seguro de que a partir de esto decidirán», razona, no sin aclarar que el hecho de seguir el juego desde la distancia no reduce su exposición al virus. «Los árbitros correríamos el mismo riesgo de contagio que los jugadores. Es verdad que no sufrimos contacto físico, pero sí estamos en contacto con el balón y después nos llevamos las manos a la boca con el silbato», explica.

En cuanto al futuro de la liga, Cristian Martín prefiere ser prudente y no hacer pronósticos sin fundamento. «Desconozco cuáles son los intereses de los equipos y gran parte de protocolo sanitario que se debería seguir para poder reanudar la competición. No solo es jugar, hay una logística importante al margen que también hay que mirar, como los viajes, las concentraciones... No es fácil», recuerda. Lo que es seguro es que, si la liga vuelve, los partidos se disputarían a puerta cerrada, sin más personal que el necesario en las instalaciones. El trencilla lucense nunca ha vivido una experiencia semejante ni tiene el más mínimo interés. «Sería como pitar un entrenamiento. A los árbitros también nos gusta el espectáculo deportivo, todo lo que rodea al juego. El ruido que hay en los pabellones nos ayuda a mantener la concentración», sentencia.

A falta de baloncesto, Cristian Martín se entrega todavía más, si cabe, a su otra ocupación vocacional, que es la de matrón. Desde que acabó su etapa en el Hospital Universitario de El Bierzo, anda «de la zeca para meca», realizando sustituciones y labores de refuerzo en diferentes centros sanitarios. Recientemente asistió a partos en el Hospital Universitario Lucus Augusti de Lugo y el Arquitecto Marcide de Ferrol. Disfruta como el primer día, a pesar de que el ambiente en el paritorio «ha cambiado» con la pandemia. «Sobre todo al principio había mucha incertidumbre, los protocolos cambiaban prácticamente a diario... Las mujeres vienen al partido más asustadas por miedo al virus», cuenta. Afortunadamente, asegura, se está avanzando a buen ritmo hacia la normalidad: «Ha disminuido la carga asistencial, los protocolos son más claros y tenemos más medios».

Cristian Martín asegura que el hecho de no estar en la primera línea de la lucha contra el covid-19 no le exime de contagiar el virus. «Puede estar en cualquier parte, si bien es verdad que no es lo mismo trabajar en una planta del covid que en un paritorio. Sin embargo, tenemos que protegernos igual porque, según un estudio reciente, el 18 % de las mujeres que llegan de parto son asintomáticas», explica. Y concluye destacando la satisfacción que produce ayudar a nacer. «Seguimos trabajando con la vida y en estos momentos tan complicados para todos es un orgullo y una felicidad».

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