Yo me reciclo; yo vendo mascarillas para regalo

LUGO

Carmen Vázquez Portomeñe ha reconvertido su empresa para la venta de material de protección
Carmen Vázquez Portomeñe ha reconvertido su empresa para la venta de material de protección ALBERTO LÓPEZ

Carmen Vázquez Portomeñe, con 30 años de experiencia en el sector de la publicidad, vio una oportunidad de negocio en la venta de materiales de protección a empresas

30 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace apenas unos días que algunos concellos empezaron a regalar mascarillas a la ciudadanía cuyo trabajo no se veía afectado por el estado de alarma. Carmen Vázquez Portomeñe, con 30 años de experiencia en el sector de la publicidad, vio en ese gesto una oportunidad para reciclar su negocio, afectado por el parón de la hostelería y el comercio. Con parte de su actividad dedicada al regalo promocional, pensó en ofrecer a sus clientes mascarillas y pantallas de protección con las que pudieran obsequiar a su vez a sus consumidores.

«Las presentamos en una bolsita de plástico y con la pegatina de la empresa o de la institución que luego las regala a empleados o clientes», explica la publicista. De esta manera, ofrece un valor diferencial respecto a otros materiales de protección que se entregan en mano y sin aislar.

La idea surgió cuando sus clientes habituales suspendieron las campañas de publicidad en prensa y radio. «Muchos tuvieron que cerrar, ¿qué iban a anunciar?», razona Carmen, que enseguida entendió lo que la gente demandaba: mascarillas. Empezó a valorar que no era del todo adecuado cogerlas por las gomas y entregarlas así en mano, pese al uso de guantes de protección. «Deberían ir envueltas», pensó.

No es flor de un día

En ese instante se le «encendió la luz»: «Cada vez más gente me las pedía porque las necesitaba. Ese es el momento en el que decido comprar mascarillas, en el que las vendo, pero las preparo como un obsequio para que tú las regales a quien tú quieras». El regalo promocional al que durante tantos años se había dedicado daba un giro inesperado. «Imagina el comercio de ropa donde has comprado toda tu vida, donde la propietaria te da una cajita de costura. Ahora tiene la opción de regalarte una bolsita con una mascarilla y la pegatina de su negocio», resume Carmen. Además, cree que no es flor de un día y tendrá continuidad porque la gente con problemas respiratorios incorporará a sus hábitos el uso de la mascarilla.

Sin ninguna duda, afirma, es el cambio más grande al que se ha enfrentado en tres décadas de trabajo. «En mi vida pensé que vendería mascarillas y las estaría preparando para que mis clientes las regalaran, pero es cuestión de reinventarse. Si en este momento es lo que se está pidiendo, hay que atenderlo», concluye.