El postre que resiste con firmeza al coronavirus

La rosca de A Fonsagrada sigue vendiéndose en Semana Santa pese a las restricciones de la epidemia


lugo / la voz

La Semana Santa es en A Fonsagrada un momento relevante; tanto, que algunos negocios admiten que hacen su agosto en marzo o en abril y compensan así otros meses, más flojos en ventas. Hablamos de la rosca, que en A Fonsagrada, a diferencia de otros lugares, es más propia de toda la Semana Santa que del Domingo de Pascua y cuyo poder de convocatoria se muestra en todo sus esplendor estos días.

Ni siquiera una epidemia como la del coronavirus, que ha obligado a decretar el estado de alarma, impide que la rosca pierda interés en esta época del año. Prueba de ello es que los encargos, aunque algo menores, se mantienen y que hasta los que viven fuera se preocupan de que no falten estos días en las casas de vecinos y de familiares.

Mónica González, de la Panadería Barreira, reconoce que recibió un tremendo jarro de agua fría cuando supo que la Semana Santa transcurriría entre restricciones, con la gente casi recluida en sus casas y sin los fonsagradinos que vuelven en esta época del año a la capital de la Montaña. «Chorei, chorei», confiesa. Pero lo que parecía hace semanas causa de pesar es más bien ahora motivo de alegría, porque la demanda de roscas, aunque algo inferior por las citadas circunstancias, sigue firme.

En este caso, además, se demuestra que no hay fronteras infranqueables cuando se desea degustar un postre como este, pues incluso se reciben llamadas de Madrid y de Barcelona para hacer encargos, que, por otro lado, se atienden con rapidez. Esta repostera explica que el lunes mandó a Madrid un pedido que el martes ya había llegado a su destino. También llegarán los de una familia residente en Suiza, que solicitó diez roscas para que fuesen entregadas, como suele ocurrir en estas fechas, a familias de la zona. Así las cosas, afirma que «dentro do que cabe» se siente muy contenta con la respuesta de los clientes.

Tamara Álvarez, de la Panadería O pan de Iria, recuerda que vivió en otras localidades en donde el roscón de Pascua, que se vende al final de la Semana Santa, no despertaba tanto interés. En este caso, las ganas de comer rosca no se limitan al municipio fonsagradino, ya que el reparto incluye los vecinos ayuntamientos asturianos de Grandas de Salime y de Santa Eulalia de Oscos, a los que también se acude habitualmente. Álvarez, de todos modos, advierte que el reparto se hace con todas las precauciones, igual que la elaboración. «As medidas de hixiene son para nós importantísimas, e extremámolas a tope», afirma.

Las roscas llegan, pues, a los domicilios de quienes las quieren comer sin necesidad de acercarse a la panadería para comprarlas. Álvarez considera que los vecinos de A Fonsagrada están respetando de manera satisfactoria las restricciones de movimientos impuestas estas semanas, y sí se nota, admite, que se piden roscas de tamaño más pequeño que otros años porque no hay reuniones familiares tan numerosas. Mientras tanto, el ritmo de trabajo de las panaderías, que empezaron a elaborar roscas el pasado fin de semana y terminarán este próximo, se desarrolla como si nada extraño estuviese pasando.

Ingredientes conocidos con un toque personal

La rosca de A Fonsagrada se elabora con harina, huevos, azúcar y mantequilla, y a todo eso, explica Tamara Álvarez, se le añade un toque personal que, comenta con buen humor, «non se pode dicir». Mónica González, por su parte, admite que una rosca, además de los ingredientes, tiene un toque cuyo resultado es claro: «Ningunha rosca é igual», sostiene. Lo que tampoco es igual es el tamaño, pues en unas panaderías se hacen con tres medidas y en otras hay hasta seis para elegir.

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