Las flores entran en una cuenta atrás

El producto que aún está en las cámaras durará tres semanas como máximo y a partir de ahí el futuro es incierto

Cierre de las floristerías en Lugo
Cierre de las floristerías en Lugo

lugo / la voz

Cuando en tres semanas termine el último plazo de confinamiento fijado por el Gobierno acabarán de secarse las últimas rosas llegadas a Lugo desde Holanda, Ecuador y Colombia. Con la venta al público cancelada, algunas floristerías resisten gracias al servicio que prestan a las funerarias. Pero eso también será por un tiempo limitado, según advierten desde el sector, porque transportar una cifra muy pequeña de flores ya no compensa económicamente ni a productores ni a distribuidores.

«Detrás de una flor hay mucha gente», suspira la encargada de un negocio en Sarria, que describe así la cadena de productores, distribuidores y vendedores afectados. «Nos cuesta conseguir la mercancía, al haber poco consumo, los repartidores no se animan a exponerse al riesgo de salir a la carretera y tampoco les compensa», explica esta emprendedora, sorprendida por los vídeos que llegan a través de las redes sociales desde Países Bajos, donde toneladas de flores han tenido que ser desechadas.

Transporte

Una rosa se mantiene viva un máximo de tres semanas desde que la cortan, un plazo que amenaza con dejar desabastecido al sector, pues los principales productores, que son Colombia, Ecuador y Holanda, han restringido los vuelos y los camiones para hacerla llegar a los mayoristas. «La producción no se puede parar porque es un proceso natural, no puedes interrumpir la plantación porque la estropeas, así que lo que se está haciendo es tirar la flor», explica Olga Zarzuela Garrido, directora de la Asociación Española de Floristas (AEFI), con lucenses entre sus socias.

«Temos unha cámara na que conservamos as flores, pero ten un límite de tempo, algunhas se estragaron e non van a valer xa para cando abramos», explica Ina Basalo, que cerró su floristería As Camelias después de que el Gobierno emitiera el decreto con las medidas restrictivas. «Non temos aberto dende entón, pero aínda que fosemos considerados establecementos de primeira necesidade, tampouco viría ninguén a comprar», lamenta.

La visión de los mayoristas tampoco es optimista. «Si no dejan salir a la gente a la calle, ¿cómo voy a vender?», se pregunta el gerente de Verdilugo, una empresa con más de 22 años de experiencia en el tratamiento de flores y plantas en la ciudad. Distribuyen para otras provincias gallegas y también para Asturias.

Germán González no había visto algo igual en sus 30 años en el sector: «Esto no hay forma de solucionarlo, me vienen las lágrimas a los ojos, nos encontramos atados, no tenemos mucha salida», relata. En su caso también tuvieron que tirar mercancía a la basura porque esta solo dura dos semanas, tres a lo sumo. «Es una inyección letal para el sector», resume González.

Después de suspender todos los pedidos, las floristerías tendrán que hacer una fuerte inversión en el momento de reabrir, pues si hay una menor cantidad de producto en el mercado, la flor será más cara, según apuntan desde AEFI. Es ahí donde se situará la máxima incertidumbre. «No es que vayamos a abrir la tienda y a empezar todo como antes, como si nada, con normalidad. La situación es muy preocupante», subraya Olga Zarzuela. En contacto con floristerías de toda España, duda de que después de esta parón pueda haber un ‘efecto rebote’. «Ojalá lo hubiera, ojalá fuera así, pero la economía se va a quedar resentida y no nos hace ser muy optimistas», concluye.

Fina Freire: "Non me imaxino sen flores"

 «Eu fun traendo tulipán para a casa, ¡me alegran un montón!», exclama Fina. Para ella, que lleva más de 20 años cerca de las flores, resulta extraño separarse de ellas, por eso acude cada día a su floristería para ver los ejemplares que quedan. Puede que las que trasladó al jarrón de su casa sean las últimas flores que vea en tres semanas. «Non imaxino, cando se me terminen, non ter flores no meu xarrón», reconoce.

Con el trajín diario al frente de Arte Floral Rabel, en la rúa Río Lor, no se había percatado de la relación casi de dependencia que había establecido con lirios, rosas y orquídeas: «Antes, cando estaba na floristería, non me acordaba delas se non as tiña na casa, pero agora que estou na casa, recoñezo que as necesito».

Fina Freire muestra el género que le queda tras cerrar la floristeria
Fina Freire muestra el género que le queda tras cerrar la floristeria

En sus 26 años al frente de un negocio como este nunca había visto nada semejante. Recuerda cómo alguna vez recibió entre cuatro y cinco llamadas telefónicas si una mañana se ausentaba del local para ir al médico o a hacer algún recado y ahora, en contraste, afirma: «Desde que estou na casa, ninguén me chamou para pedir flores».

Tuvo que tirar todo lo que había encargado para el Día del Padre, aunque puntualiza que tampoco era mucho porque ya había previsto que la jornada no fuera buena.

Está convencida de que este año será «nefasto» para el sector porque prevé que se cancelen muchos de los eventos previstos debido al miedo de la clientela a los efectos económicos derivados de esta pandemia.

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