Para ascender no basta el Pazo y por ahí fuera no regalan nada


Empeñado el Breogán en dejarnos sin partido en el Pazo ya en el primer cuarto, el sábado se volvió a repetir una paliza, algo que ya viene siendo habitual. No importa el rival. Covirán Granada fue otra víctima y dejó patente las razones por las que transita tan penosamente por esta LEB Oro. Sin espíritu, con todos los jugadores importantes con un comportamiento lamentable, incluso patético. Sergio Olmos confirmó el rumor de su pobre estado físico, y si los dos hombres encargados de sumar más puntos pasan de todo, léase Kapelan y Riley, tienen que agradecer a Canoe y Marín no estar en riesgo evidente de descenso.

Para el Leche Río Breogán ha sido, quizás, la jornada más fructífera en lo que va de campeonato. Ganó sin despeinarse, apoyando su triunfo, como tantas veces, en un acierto descomunal en el tiro exterior. 10 triples de 21 lanzamientos, un 48 % de efectividad, que es una barbaridad con un volumen tan grande de intentos. En tiros de 2 el porcentaje llegó hasta el 60 %. Nada nuevo, por lo tanto. Cuando el equipo alcanza ese acierto no hay problemas. Estos surgen cuando el aro se hace pequeño y nos impiden correr. Para completar la fiesta, salió cara en todas las canchas. Carramimbre Valladolid fue vapuleado en Lleida, lo mismo que el Leyma Coruña en Oviedo, y la derrota del Delteco GBC en la pista del Palma recorta la diferencia del Breo con la cabeza de la tabla. Viendo el partido de Lleida y el de Palma, y estando aún reciente el paso del Valladolid por el Pazo, se hace más difícil comprender que estemos tan alejados del ascenso directo.

Para seguir jugando con los números y mantener un halo de esperanza, en San Sebastián espera una final. Pero no solo para seguir instalados en la utopía, sino también porque se necesita un triunfo de valor. En casa ya sabemos todos lo que sucede. El problema está fuera de Lugo, cuando todo se pone en contra y hay que exhibir carácter, la gran asignatura pendiente; cuando el brazo se encoge; cuando el arbitraje consiente esa falsedad llamada «dejar jugar», que no es otra cosa que consentir dar palos, generalmente al de casa... Entonces es cuando hace falta al menos un jugador con personalidad capaz de imponerse al resto y decirles aquello de «que nos ganen jugando, pero no nos saquen del campo a gorrazos, eso no podemos consentirlo». Pues eso, para ascender no basta el Pazo y por ahí fuera no regalan nada. A veces toca partirse la cara.

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