Unos veranos que valen años de vida

El programa de acogida para niños de la zona de Chernóbil necesita más familias


LUGO / LA VOZ

Anastasia vino por primera vez a Lugo el verano pasado, con siete años, pero por ahora no hay un hogar de acogida para su hermano. El problema no sería mayor si no fuera porque su esperanza de vida depende de esos meses alejados de una zona sometida a radiación. La ONG Ledicia Cativa, que organiza desde hace 25 años la estancia temporal de niños residentes en las zonas afectadas por el accidente nuclear de Chernóbil, solicita la complicidad de los lucenses, tras comprobar cómo la acogida mengua en la provincia año tras año.

«Es una experiencia muy bonita, te abre a otro mundo, a otra cultura y además ayudas a personas que están en una situación difícil», señala Rosa María Rivas. Esta lucense conoció la ONG por su trabajo en Extranjería, donde tramitaba los expedientes para que los niños pudieran llegar a la provincia. 

Briansk

Su madre y ella decidieron el año pasado embarcarse por primera vez en una aventura que las llevó a encontrarse con Anastasia, una niña de siete años procedente de Briansk con la que solo podían comunicarse con gestos. Reconoce que «lo más difícil son esos primeros días», en los que las tres tuvieron que salvar la barrera del idioma.

En esos casos, la ONG facilita una persona que sirve como enlace. Se trata de jóvenes que fueron acogidos en su día, hablan español y ahora regresan cumplidos los 18 años para ayudar a los pequeños a integrarse.

«A los 15 ó 20 días Sofía ya hablaba hasta gallego», recuerda Anielka Fernández sobre la capacidad de adaptación de los menores. Ella es una de las veteranas del programa en Lugo y junto a su pareja, Carlos López, recibe desde hace seis años a Sofía, que ahora cumple 14 años.

«El año pasado llegaron 60 niños a Galicia, son 14 menos de los que venían, y solo 6 de ellos vinieron a Lugo», lamenta Anielka, que conoce la merma en la cifra de acogidas.

Detrás de ese decrecimiento se esconde en realidad un férreo compromiso. Las personas que iniciaron el programa cuando los niños tenían seis o siete años, los recibieron verano tras verano hasta que alcanzaron la mayoría de edad. El número de acogidos se mantuvo durante todo este tiempo, pero quizá por desconocimiento del programa, ahora faltan hogares que inicien desde cero los trámites de acogida.

«Se pide un poco de compromiso para poder darle cierta continuidad a la acogida», señala Anielka, consciente de que los dos meses de visita son vitales para los pequeños.

La niña que ella acoge presenta problemas de tiroides y una dentadura muy deteriorada. Son algunas de las secuelas vinculadas a la zona en la que vive, donde su cuerpo recibe una radiación 30 veces superior al nivel que soporta un cuerpo humano antes de desarrollar enfermedades.

En ese sentido, la ONG dispone de un convenio con el Sergas para que los menores puedan acceder a una revisión médica. «Dicen que los dos meses de verano aquí son dos años más de vida», concluye Anielka.

Un sencillo trámite para formar parte de esta iniciativa

Para convertirse en un hogar de acogida, las personas interesadas deben ponerse en contacto con la asociación a través del correo electrónico ledicia.cativa@gmail.com o en el teléfono 988 553 211.

En la página web asociacionlediciacativa.org pueden encontrar el código ético de la entidad, así como el protocolo de bienvenida.

Es necesario cubrir un formulario y mantener una entrevista personal. En el caso de resultar seleccionada, la persona asumirá el coste del billete de avión del menor, de unos 500 euros.

El plazo de solicitudes está ahora abierto para el próximo período, que consta de dos meses desde el 26 de junio al 28 de agosto.

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