La cruz de la Muralla: vistas interiores alejadas de la belleza

Parcelas con escombros, botellas rotas y fincas con maleza ofrecen un aspecto descuidado


lugo / la voz

Un paseo desde el adarve de la Muralla permite ver Lugo de otra manera. Una positiva por la riqueza, belleza y conservación del patrimonio milenario, y otra que flojea cuando los viandantes echan un vistazo a las zonas que lindan con el Patrimonio de la Humanidad. Porque aunque con el paso de los años y las actuaciones la imagen ha mejorado, todavía hay zonas en las que la basura daña a la vista, otras con maleza y otras en las que la uralita es la protagonista.

Al lado de la casa torre de A Tinería, que la Xunta se ha comprometido a rehabilitar, junto a una caseta de obra se amontonan restos y escombros que inevitablemente llaman la atención de los viandantes.

Algo parecido, pero incluso más grave, sucede en las inmediaciones de Pío XII, el que probablemente sea el punto neurálgico del turismo lucense, ya que allí se dan la mano la Muralla y la Catedral. Pues bien, a pocos metros, al lado de la construcción milenaria se encuentran restos de botellas y desperdicios impropios de limitar con un Patrimonio de la Humanidad.

Más allá de la demanda del paseo interior de la Muralla, lo cierto es que las edificaciones que limitan con la contrucción presentan techos de uralita que distan mucho de lo que sería una estética armoniosa y un entorno bonito para el símbolo de la ciudad. Y algo similar sucede con fincas en las que la maleza es la protagonista.

Eso sí, como en todos lados, siempre hay excepciones y en una de las huertas traseras los propietarios se han esmerado para cuidar su jardín. Ni los animales de cerámica faltan en la cuidada finca.

Así es la vida pegado a una muralla milenaria

lorena garcía calvo

El reconocido vestigio romano funciona como pared para muchas viviendas instaladas en el casco histórico

La casa de Pili está adosada a la muralla romana. El estudio de arquitectura de Ricardo comparte pared con un patrimonio de la humanidad. Cuando Pedro levanta las persianas del que fue su negocio durante 65 años mira de frente a la Mosqueira. Y si a Lucía o sus compañeros de Cruz Roja les toca turno en la sede de Campo Castelo, a sus espaldas se encuentra la joya de la herencia romana. La Muralla forma parte del paisaje diario de los lucenses y, para algunos privilegiados, también de su hogar.

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