Nuevo golpe al rural de Lugo tras prohibirse el alquiler de habitaciones en la red

La prohibición de la Xunta y la reciente sentencia del Supremo dejan a muchos concellos rurales sin la única ventana al mundo que suponían Booking o Airbnb


lugo / la voz

Cientos de casas y habitaciones de alquiler de la provincia han desaparecido de los buscadores de Internet esta semana. Y los que pueden encontrarse todavía en Airbnb o Booking se exponen a graves sanciones de entre 900 y 9.000 euros por parte de la Xunta puesto que la normativa gallega prohíbe que los particulares alquilen a nivel turístico por habitaciones. Mientras asturianos, vascos y demás regiones del norte con tirón pueden seguir anunciando sus casas o sus habitaciones en Internet, eso en Galicia ya no se puede hacer porque se ha convertido en ilegal esta misma semana.

La Xunta ya intentó esa prohibición mediante un decreto en enero de 2017, pero se lo impidió el Tribunal Supremo el pasado octubre con una sentencia en la que le advertía que esa prohibición atentaba contra derechos constitucionales de los propietarios de viviendas y contra la libre competencia. La sentencia del Supremo del pasado octubre entró en el fondo del asunto y le decía a la Xunta que limitar ese derecho de las personas en una sociedad de libre mercado no se podía sostener legalmente desde ningún punto de vista.

Pero la Xunta recurrió la sentencia acogiéndose a un asunto puramente formal: argumentó que no podía ser anulado ese decreto porque ya estaba contenido en una ley anterior de la propia Xunta. Y, efectivamente, al enviar la Xunta la alegación con todo el paquete legislativo autonómico, el alto tribunal reconoció que no se puede ilegalizar el decreto. Por tanto, aunque en el contenido de la sentencia daba la razón a los propietarios que alquilan habitaciones, por un error de forma, la Xunta ha logrado que se mantenga la prohibición de alquilar viviendas por habitaciones de los particulares.

Solo podrán alquilar habitaciones las pensiones, hoteles o casas de turismo rural, pero no los particulares. Una opción que funciona en Europa y en muchas comunidades de España y que dinamiza y mantiene vivo algo de turismo en el medio rural. Porque en las ciudades existen innumerables hoteles, pensiones y otras formas de alojamiento, y por tanto la prohibición de alquilar habitaciones no supone un grave obstáculo para los turistas, sino que simplemente limita sus posibilidades. Pero en las zonas rurales, como es el caso de la gran parte de la provincia de Lugo, eliminar el alquiler de habitaciones supone dejar a muchos concellos del interior sin ninguna o casi ninguna plaza de alojamiento.

Desde esta semana, buscar alojamiento en Internet en la provincia arroja un balance desolador: hay al menos una docena de municipios en los que no existe ninguna habitación en alquiler. Son pequeños concellos sin pensiones ni hoteles abiertos, al menos en esta época del año. Y eso teniendo en cuenta que aún se pueden encontrar algunos en Airbnb o Booking que desaparecerán estos días porque los inspectores de Turismo de la Xunta están peinando estas plataformas para aplicarles las correspondientes sanciones. La única opción para el rural que va quedando es el alquiler de viviendas completas, lo cual no fue prohibido, pero es un modelo más vinculado a una explotación turística pura que a la convivencia y mantenimiento del rural ocupado.

Impuestos que se pierden

Esta medida que consigue la Xunta por la vía legal también es mala para las arcas públicas, porque el alquiler de habitaciones en las casas suponía que cotizaban a través del IRPF.

Muchos concellos rurales se quedarán sin ninguna plaza de alojamiento con esta restricción

«Para min era unha alegría ter xente na casa. Agora irei a unha residencia para non estar soa»

Tan importante como unos pequeños ingresos, el alquiler de habitaciones era una forma de compañía para muchas personas de la zona rural que viven casi solas en sus núcleos. Así lo cuenta Josefa, vecina de una parroquia del municipio de Lugo que asegura que los visitantes eran para ella compañía y hasta una parte de la familia que perdió: «Eu así non me sentía sola. Tiña humor para coidar e limpar a casa, o xardín e a horta. Pero agora acabouse todo iso; quedarei soa outra vez no pobo. Supoño que non aguantarei e marcharei a unha residencia», se lamentaba ayer esta vecina, que llevaba casi dos años alquilando habitaciones con relativa frecuencia a turistas y visitantes españoles y extranjeros que quieren conocer la vida real en los hogares gallegos o que transitaban por el camino de Santiago y se encontraban con los albergues llenos. La única hija de Josefa, que vive en Londres, ya retiró los anuncios de la habitación de su madre de las plataformas de Internet.

La prohibición de anunciar las casas turísticas generará un mercado negro

L. M.
Peregrinos hacen cola a las puertas del albergue público de Lugo
Peregrinos hacen cola a las puertas del albergue público de Lugo

La asociación de propietarios avisa que los anuncios irán a portales de oportunidad

La prohibición de alquilar en Internet habitaciones en portales como Booking o Airbnb va a generar un mercado negro y descontrolado, perjudicial, en primer lugar, para la administración. Así lo dijo la presidenta de la Asociación de Viviendas Turísticas de Galicia, Dulcinea Aguín, que cree que lo que acaba haciendo la Xunta con la ilegalización de esos anuncios es hacer que la gente se anuncien en portales de todo tipo, como Milanuncios o los de segunda mano o incluso de oportunidades como Wallapop. Porque, aclara la presidenta, Turismo puede impedir que se publiciten en los portales turísticos, «pero no que la gente coloque un cartel de alquiler en su ventana o en cualquier soporte físico o digital o red social no turística. Y de esta manera, lo que van a favorecer es que aparezca un mercado negro de alquiler que estará sin ningún control de la administración», dijo. Según la representante de las viviendas turísticas, la Xunta tendría que controlar todos los modelos de alojamiento, porque eso sería bueno para los propios funcionarios, que tendrían unos códigos y modelos que exigir. «También sería bueno para el cliente, que tendría una garantía de lo que se va a encontrar, y habría seguridad para la persona que alquila, porque sabría exactamente a qué atenerse. Y a mayores, tendríamos unas cifras y estadísticas fiables».

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