Francisco Narla: «Hay elementos de nuestra historia que se han convertido en armas arrojadizas»

El escritor lucense cuenta en su nueva novela las aventuras de un atajador en tiempos de la Reconquista


Lugo / La Voz

El escritor —y también comandante de línea aérea— Francisco Narla (Lugo, 1978) va camino de volver a situarse en la listas de los más vendidos con su última novela histórica, Fierro, que salió a la venta el día 5. Agotada ya la primera edición, está en marcha la segunda, en plena ronda de presentaciones por todo el país, aunque el autor afirma que «es el tiempo el que juzga; la magia de por qué un libro triunfa no lo sabemos». Tras el éxito de Assur, Ronin o Laín. El bastardo —que le llevó a recibir el I Premio Edhasa de Narrativas Históricas y el XX Premio de la Semana de la Novela Histórica de Cartagena—, llega Fierro, que cuenta las aventuras de un atajador en tiempos de la Reconquista. El autor la presenta mañana en Lugo, en un acto que tendrá lugar a las 20.15 en el Círculo das Artes.

—¿De qué trata su nueva novela?

—Es de aventuras, con un trasfondo histórico. Está centrada en un período concreto de la Reconquista, en el siglo XII, entre la terrible derrota de Alarcos y la terrible victoria, a ojos cristianos, de las Navas de Tolosa.

—¿Por qué ese período?

—Mi propia curiosidad me llevó a investigar durante mucho tiempo ese período histórico, especialmente cargado de tintes políticos, contado de forma tendenciosa... porque hay elementos de nuestra historia que se han convertido en armas arrojadizas políticas. El propio término, el de «Reconquista», está cargado de polémica porque durante el franquismo se abusó de él, pero creo que a estas alturas podemos superarlo, así que yo lo uso sin demasiado pudor porque creo que las palabras tienen que servir para entendernos. Lo que sí me parece irrenunciable es que ese proceso de ganar un territorio perdido existió. Por otro lado, la Reconquista es una etapa desconocida de nuestra historia, a pesar de todo lo que se ha contado de ella. Así que quise leer y conocer más, viajé a varios escenarios significativos, sobre todo a los alrededores de ríos que sirvieron de fronteras impidiendo avances, como el Duero, el Tajo o la vega del Guadiana. Tras mucho investigar, quise contar la Reconquista desde un punto de vista más limpio y neutral, entretenido, por supuesto, y fuera de tintes políticos. Aquí no hay buenos ni malos. Y lo cuento a través de los ojos de un personaje con el que al lector le será fácil identificarse.

—¿Quién es Fierro?

—Es uno de los pocos supervivientes de Alarcos, un atajador —una especie de boina verde que busca el mejor lugar por el que pueda pasar un ejército— que vive en la frontera, perseguido por su pasado. Y a través de él Galicia vuelve a tener presencia en mi obra, pues Fierro es gallego y habla de su padre que es pescador. El origen del protagonista se me ocurrió porque en la época hubo muchos norteños, entre ellos gallegos, que trabajaron como atajadores, que iban más allá de las líneas enemigas. Había que tener mucho valor para instalarse allí, en la vega del Guadiana, donde la esperanza de vida para forasteros en el siglo XII era de menos de un año, entre otras cosas, por el paludismo, transmitido por la cantidad de mosquitos.

—¿Le sorprendió esa etapa?

—Me sorprendieron muchas cosas, especialmente Alarcos. Estudiamos la historia a través de las victorias, y Alarcos es la batalla y derrota que la historia cristiana casi prefirió olvidar. En Alarcos todavía existe una fortaleza abandonada que se puede visitar. Allí los moros aprovecharon los cadáveres cristianos para usarlos de cimientos de la fortaleza, y aún a día de hoy se pueden ver los huesos. En Alarcos me di cuenta de que podía salir una historia. Imaginarse una fosa de 10 por 10, a la que se lanzan miles de cuerpos, de hombres, mujeres, niños, animales... es un episodio que sin duda marcó a toda una generación. ¡Hubo tantas barbaridades por ambos bandos!

—¿De dónde le viene esa pasión por la novela histórica?

—Soy un lector voraz de novela y ensayo y desde muy pequeño sentí interés por contar historias y por querer tener respuestas investigando por mí mismo.

—¿Tiene en marcha más proyectos?

—Se está estudiando la producción de la adaptación al cine de mi libro Donde aúllan las colinas.

«Dormí al raso en la vega del Guadiana para reflejar lo que viven los personajes»

Narla se plantea contar historias entretenidas, de aventuras, pero también con mucho rigor.

—¿Qué hay de verdad en el libro?

—Hago todo lo posible para que lo que cuente sea veraz, con un largo y profundo proceso de investigación y documentación histórica. A mayores, me pongo en la piel de los personajes, me vestí como un peón medieval para conocer el peso que tenían que soportar incluso cabalgando sobre un caballo bretón, asistí a autopsias, hablé con médicos... Incluso dormí al raso en la vega del Guadiana para reflejar lo que viven los personajes. El cascabeleo de las vainas de los algarrobos que describo solo lo puedes reflejar si lo vives. Yo soy tirador con arco, y me molesta cuando en el cine o la literatura veo la falta de rigor en ese tipo de escenas. Y yo no me puedo permitir decepcionar a los lectores.

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