Regalos


Aprecio a las personas que regalan libros, al igual que a aquellas que los compran. Yo, desde luego, me incluyo en ambas facetas. Lo que me sorprende es que una institución como el Museo decida regalar libros. Proceden de expurgas, algo que realizan las bibliotecas cada ciertos años para dejar espacios. Lo que me sorprende es la forma que tienen los regidores del Museo de regalar estos libros: los tienen amontonados en cajas y cualquiera que quiera uno, solo tiene que acercarse por allí y escoger para llevárselos. Supongo que no habrá aprovechados que se los lleven y el domingo los veamos a la venta en el rastrillo de la Praza Maior.

Es de suponer que los volúmenes que se obsequian sean colecciones repetidas, aunque también convendría saber cuál ha sido el criterio para saber lo que se puede regalar y lo que se debe conservar. No hay duda que el criterio de selección es subjetivo y lo que para una persona un libro es un mamotreto infumable, para otra resulta ser una joya bibliográfica de esas que algunos aficionados buscamos por las librerías de viejo esperando encontrar una edición agotada o un volumen raro.

Ya dije al principio que me agrada la gente que regala libros porque me parece un detalle culto y de buen gusto. Pero hay maneras de regalarlos y la del Museo no me parece la más apropiada; quizás sería más efectivo si ese regalo se repartiese entre las bibliotecas municipales de la provincia o en colegios. Ayudarían así a aumentar la riqueza bibliográfica de las bibliotecas al tiempo que esos libros donados estarían a disposición de muchas personas. De todos modos que se regalen libros me parece estupendo, siempre que no se dañen los fondos bibliográficos del Museo.

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