El verdadero pulmón está en los océanos


REDACCIÓN / LA VOZ

La Tierra, como Venus y Marte, está situada en la zona habitable del sistema solar, ni muy lejos ni muy cerca de la estrella. Cada uno de estos planetas ha evolucionando de forma distinta, pero solo uno contiene vida actualmente, el nuestro. Lo que marca la diferencia entre la vida y la muerte es la presencia de agua líquida en la superficie. Cuando uno observa el mundo desde el espacio exterior, contempla que vivimos en una gran canica azul.

El agua en la Tierra proviene de un gran bombardeo de cometas y asteroides que se registró hace unos 4.000 millones de años y que transportaban el preciado líquido. A partir de esa lluvia cósmica terminaron formándose los océanos. Las condiciones eran perfectas para que la vida pudiese abrirse paso.

Los primeros seres vivos surgieron precisamente en las profundidades, en ausencia de oxígeno. Ellos fueron los encargados de crear el aire que respiramos. Entre los primeros organismos que aparecieron fue especialmente importante un tipo de alga unicelular llamada diatomea, que al realizar la fotosíntesis exhala más oxígeno que los bosques tropicales. Ellas solas producen el 20 % de todo el oxígeno. El verdadero pulmón del planeta se encuentra, por tanto, en los mares y no en la selva amazónica como se suele pensar.

Desde la Estación Espacial Internacional los astronautas observan a menudo un bello espectáculo que les brinda la naturaleza y que definen como «los colores de la vida». Una zona concreta del océano adquiere de repente unos tonos muy verdosos. Ahí se están produciendo explosiones o floraciones de vida de este tipo de microorganismos. Cuando ocurre uno de estos eventos, el color verde se refleja con más intensidad, hasta tal punto que puede verse desde el espacio exterior.

Entre toda la familia de especies de fitoplancton, que se cuentan por billones en cada océano, liberan alrededor del 80 % del oxígeno que hay en el mundo. Un ser humano registra entre 12 y 20 respiraciones por minuto. El responsable de la inmensa mayoría son unos seres marinos microscópicos de los que apenas hemos oído hablar.

El oxígeno representa exactamente el 20,95 % de la atmósfera. La cifra se ha mantenido constante durante millones de años. Esta estabilidad ha permitido la proliferación de la inmensa variedad de seres vivos que hay hoy en el mundo.

La civilización humana depende de este valioso gas para seguir respirando y de otros como el dióxido de carbono para disponer de un clima habitable. La disminución o aumento de los niveles tiene efectos directos, no sobre la Tierra, sino en la propia vida.

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