monforte / la voz

Las aves propias de las tierras agrarias parecen estar sufriendo un fuerte retroceso en el sur lucense a consecuencia del abandono de muchos antiguos terrenos de cultivo. Esta es la impresión que han sacado los ornitólogos que participaron durante el fin de semana en el municipio de Bóveda en unas jornadas organizadas por el Grupo Naturalista Hábitat con el apoyo de los grupos de anillamiento Hércules y Anduriña y la Sociedade Galega de Ornitoloxía. Entre el viernes y el domingo, los investigadores capturaron y anillaron 148 aves de dieciocho especies diferentes. «Ningunha delas é unha especie característica dos ecosistemas agrarios, o que nos chama moito a atención, porque antes eran moi comúns neste territorio», explica Cosme Romai, membro do primeiro dos referidos grupos.

Las últimas jornadas de anillamiento de aves realizadas en el municipio se llevaron a cabo en el 2007. Desde entonces, los ornitólogos han notado una gran disminución de los campos de cultivo, separados por sebes o vallados de zarzas, que eran típicos de la llamada Somoza Maior, un territorio que se extiende por los municipios de Bóveda y A Pobra do Brollón. «Desde hai séculos era unha das zonas de maior tradición agrícola da comarca de Lemos e nótase que hoxe está en plena decadencia», apunta Romai. «Os cultivos tradicionais desaparecen e o que hai agora son sobre todo plantacións de millo, mentres que as matogueiras e as árbores se extenden polas terras agrarias abandonadas», añade.

Cambios en el paisaje

Esta transformación del paisaje, según los ornitólogos, ya se percibía claramente hace doce años, pero en los últimos tiempos se ha ido acentuando cada vez más. En consecuencia, las aves típicas de las zonas tradicionales de cultivo se han vuelto muy escasas, mientras que las propias de las áreas de matorral y de bosque son ahora proporcionalmente mucho más numerosas que antes.

Otro cambio que han podido percibir los investigadores durante estas jornadas de anillamiento es que en la actualidad se detecta en el sur de la presencia de algunas especies propias del área bioclimática mediterránea que antes no era fácil ver en este territorio. Este el caso -señala Romai- de la curruca cabecinegra, cuyo nombre científico es Sylvia melanocephala. El fallecido ornitólogo británico Christopher Mead no pudo capturar ni un solo ejemplar de esta especie en las observaciones que realizó en el valle de Lemos -en el municipio de Monforte- en los años 1965 y 1967, que siguen siendo una importante referencia hoy en día. En las jornadas de anillamiento de Bóveda, en cambio, se han capturado cuatro ejemplares de esta variedad. «A presenza destas aves é cada vez máis frecuente en diversas zonas de Galicia, o que se debe probablemente ao cambio climático», comenta Romai.

Las especies propias del área mediterránea se están volviendo más comunes

Una ausencia muy llamativa de ejemplares migrantes

Entre las dieciocho especies de aves registradas durante las jornadas de anillamiento de Bóveda, hubo dos que superaron ampliamente a todas las demás en cuanto al número de ejemplares capturados. Una de ellas es la curruca capirotada, denominada en gallego papuxa das amoras y Sylvia atricapilla en la nomenclatura científica. La otra es el conocido petirrojo o paporrubio, de nombre científico Erythacus rubecula. De cada especie se pudieron capturar 36 individuos.

Los ornitólogos también pudieron anillar ejemplares de ruiseñor común (Luscilia megarhynchus), curruca zarcera o papuxa común (Sylvia communis), pinzón vulgar o pimpín común (Fringilla coelebs), papamoscas gris o trallón (Muscicapa striata) y papamoscas cerrojillo o negro (Ficedula hypoleuca), entre otras especies. En esta ocasión, sin embargo, no fue posible capturar ejemplares de especies propias de las zonas agrarias como el escribano triguero o trigueirón (Emberiza calandra) y la tarabilla o chasco común (Saxicola rubicola). Los ornitólogos tampoco llegaron a ver ningún ejemplar de tórtola común o rula (Streptopelia turtur), algo que les parece muy llamativo.

En las jornadas, en cambio, sí se detectaron ejemplares de algunas especies, como el chochín común? o carriza (Troglodytes troglodytes), que viven en zonas arbustivas y también frecuentan las áreas cultivadas. «As poboacións das aves deste tipo parece que se manteñen estables», señala Cosme Romai.

Casi todas las especies capturadas tienen en común el hecho de permanecer durante todo el año en Galicia. Los investigadores solo pudieron anillar un ejemplar de una especie migrante, el mosquitero o picafollas musical (Phylloscopus trochillus). Este hecho se considera muy raro, ya que en Bóveda y en el valle de Lemos en general se detienen a reposar muchas especies migratorias en esta época del año. «Isto pode deberse a unhas condicións meteorolóxicas que non favoreceron que estas aves se parasen a descansar neste territorio na mesma medida en que o fan normalmente», agrega Romai.

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Los ornitólogos chequean la salud de la avifauna del sur lucense