¿Cómo superar la herida de la traición?

Descubre lo que causa este dolor, cómo se reactiva esta herida en tu vida y cómo sanarla


Traicionar significa dejar de ser fiel a alguien o dejarlo en mal lugar de forma injusta. Es una de las experiencias más dolorosas que se puede sentir, sea de la pareja o amigos o de un miembro de la familia. Cuando quiebran nuestra confianza se abre una herida que tarda en sanar y que incluso no se cura nunca.

Todos los seres humanos alguna vez hemos fallado, aunque no sea nuestra intención, hay situaciones en las que no somos capaces de estar a la altura de las circunstancias y podemos meter bien la pata.

Posiblemente de niño te pudiste sentir traicionado cada vez que alguno de tus progenitores no mantenía una promesa o si traicionaban tu confianza. 

Una sola mentira que descubras en la persona que confías, bastará para crear dudas sobre cada verdad expresada desde ese momento. Es un daño difícil de reparar. Una vez rota la confianza por traición queda lamerse las heridas sentidas en el corazón y luego ver si puedes perdonar.

Lo que sÍ es cierto es que nadie es perfecto y quizás a veces te hacen daño por ignorancia, celos o envidia.

La máscara del traicionado

Las características de una persona que se sienta con frecuencia traicionada e incuso de quien suele traicionar, son:

Son personas que quieren tenerlo todo controlado. Imaginan todas las situaciones posibles, y tienen mucho estrés mental. 

Temen que les mientan, que no les cumplan las promesas o les sean infieles. 

Exigen tanto a los demás que al final les decepcionan y traicionan la mayoría de las veces. 

Dan imagen de todopoderosos pero se sienten muy solos y tristes.

Les gusta gustar y recibir elogios de los demás.

Tanto te quieren como tanto te odian, son muy manipuladores para conseguir lo que quieren.

Creen que los demás conspiran contra el/ella.

Se esfuerzan para que los demás sepan lo responsable que es.

Consideran que “amar es complacer”, por eso se sienten traicionadas tan a menudo.

Esta herida aparece cuando en la niñez te has sentido traicionado por el progenitor del sexo contrario, ya que tenías una gran devoción hacia él y en algún momento te has sentido desbancado o por el nacimiento de un nuevo hermano, o porque no te prestaba toda la atención o porque te sentiste engañado y te prometió cosas pero no cumplió su palabra. 

Esto te hizo generar una gran desconfianza que se transformó en envidia u otros sentimientos negativos, todo por no sentirte merecedora de lo que otros tienen. Quien traiciona o fomenta la traición suele encontrarse en situaciones de triángulos amorosos o llenos de desconfianzas sobre sus parejas. Curiosamente, el traicionado y el traicionador forma parte de los mismos miedos por eso se atraen constantemente en que uno busca al otro para fomentar el daño.

Reflexiona esto:

Examinar si hubo intención de hacer daño o no. Las intenciones cuentan.

No te autocastigues, no fuiste tonto, si alguien abuso de tu confianza y no supo cómo hacerlo mejor.

Acepta lo sucedido y analiza si hay manera de repararlo.

Date un tiempo para ti y un momento para hablar de eso para que ese impacto inicial remita.

¿Qué ha aportado esa persona a tu vida? Haz balance de lo bueno que te ha dado. 

¿Cómo perdonar?

Apuesta por tus principios y valores, y suelta lastre. 

Confía en que la vida te trae delante de ti lo que necesitas para aprender y conectar con tu bondad y con quien eres. ¡Así que fuera rabias y furias!

Nunca devuelvas con la misma moneda y permítete sentir ese dolor, ponle nombre (me ha dolido, estoy triste, siento rabia, etc) tan solo eso ya puede sanarte.

Vive en tu presente, y no dejes mucho espacio a recordar y machacarte por lo sucedido.

No todo el mundo tiene que reconocer tus logros o aciertos, si tu actuaste de corazón, siéntete orgulloso de ti mismo, quien te ha dañado llevará su peso, no lo lleves tú.

Permitirte aprender de esta experiencia y ser vulnerable para conectar con tu alma y vivir en paz.

El amor que sana las heridas es el que tú te das a ti mismo.

El mejor escudo es la inocencia. Es mejor ser traicionado que ser tu quien ofreces daño o vivir desconfiando eternamente. La confianza es: amor, lealtad, respeto y reconocimiento hacia a ti mismo y hacia los demás.

Libérate para siempre de esta herida

1-Haz una lista de las personas que creas no te dieron lo que necesitabas o pedias, o que te ofendieron o humillaron. 

2-Colocales un valor material a aquello que te hicieron, de esta manera liberaras la deuda emocional.

3-Rellena un talonario de facturación para cada una de esas personas, remite un recibo de saldo por el total de esa deuda, haz un ritual como si se lo dieras o entiérralo en algún sitio.

4-Di en voz alta el nombre de cada persona y con cada factura, según te desprendas de cada una que: “menganito ya no me debes nada”.

5- Celébralo y recuerda solo lo bueno que te ha ofrecido esa persona en tu corazón.

¿Tienes alguna duda? Envía tu consulta a: 

Ana Castro Liz. Psicóloga-Sexóloga  www.anacastroliz.es

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