Los alquimistas del siglo XXI

Cabinas biológicas, carros dispensadores de última generación y mucho saber humano conviven en el servicio


lugo / la voz

En las entrañas del HULA, ocupando un buen puñado de metros, se encuentra el servicio de farmacia del hospital lucense. Quizás se trata de uno de los departamentos más desconocidos. A menudo el papel de sus profesionales se asocia al de meros dispensadores de medicamentos prescritos por los médicos, pero lo cierto es que el trabajo que realizan en el Lucus Augusti va mucho más allá. «El farmacéutico es el profesional del medicamento que trabaja o participa de todo el proceso asistencial del paciente», define Dolores Basanta, subdirectora de procesos asistenciales del área médica, para explicar el terreno en el que se mueve el servicio de Farmacia. Un departamento en el que la tecnología de vanguardia se mezcla con el saber humano.

Su reto, como el de los demás eslabones de la cadena, es lograr que cada paciente reciba la mejor atención, y en su caso lo hacen aportando en la parte de la medicación. Son los responsables de la adquisición de los medicamentos, colaboran con los médicos validando la elección del tratamiento, calculando y preparando las dosis adecuadas a cada caso, comprobando previamente las interacciones, viendo qué puede sobrar o faltar en la hoja de medicación, eligiendo el modo de suministro, o realizando un seguimiento de la correcta utilización de los fármacos por parte del paciente. Su presencia en los comités interdisciplinares, como puede ser el de tumores, es cada vez más habitual.

«La farmacia funciona las 24 horas los 365 días del año», recuerda Víctor López García, jefe del servicio. Él es uno de los quince farmacéuticos especialistas en farmacia hospitalaria que trabajan en el HULA. Junto a ellos hay cuatro residentes, nueve enfermeras, cuatro celadores, tres auxiliares administrativos y el personal técnico de enfermería, sobre una treintena.

Tecnología y conocimiento se unen en cada sala del departamento, aunque se ve con especial claridad en las cabinas de trabajo en las que se preparan medicamentos, como los oncohematológicos. En esos cubículos que recuerdan a los laboratorios vanguardistas de las películas, todo está medido, el control de la temperatura, la calidad del aire… Todo es milimétrico. El área donde se conservan las medicaciones sensibles a las temperaturas elevadas cuenta con un sistema informatizado de manera que todas las neveras están conectadas a ordenadores, se toman mediciones cada quince minutos y si se registra alguna incidencia, se generan tres alertas. Este control exhaustivo es clave para el buen funcionamiento del servicio y también permite al HULA cumplir con todos los requisitos necesarios para optar a un buen número de ensayos clínicos.

A escasos metros de esas cabinas se encuentra un espacio que encaja con las boticas, con sus probetas y medidores. Es el área de farmacotecnia, donde elaboran preparados oficiales y fórmulas magistrales. El trabajo en ellas es frecuente, sobre todo por la demanda de pediatría. «Por ejemplo si un niño necesita un medicamento determinado, hay que adaptarlo a su peso. Allí generamos muchas formulaciones tópicas y jarabes», detalla López García.

La dispensación hospitalaria

A diario, en las habitaciones del HULA centenares de pacientes reciben la medicación que necesitan. Para que cada comprimido, cada jarabe, cada pomada o cada sobre llegue a su destinatario, la coordinación entre profesionales y ordenadores es fundamental.

Tras la prescripción informatizada por parte del médico a pie de cama, en una gran sala un grupo de farmacéuticos recibe los datos de la medicación prescrita, la revisan, comprueban que sea adecuada al perfil del usuario y la validan. Luego, a escasos metros, varios trabajadores del servicio se afanan en disponer cada tratamiento para cada enfermo. Lo hacen con la ayuda de un robot dispensador que, al recibir la información, selecciona en sus entrañas el tratamiento correspondiente y lo deja al alcance del profesional. Así, van preparando cada medicación para los ingresados. Sin descanso.

La sala contigua tiene otro cariz. En vez de trabajarse al detalle, con unidosis, se hace en grandes cantidades. Es el área de dispensación general, que se ocupa de preparar las medicaciones que se remitirán a los centros sociosanitarios, la de convenios a otros hospitales o de la reposición de stock de todas las plantas del hospital, centros de salud y Pacs. «No es una dispensación individualizada, sino que se repone en grandes cantidades», explica Víctor López.

El área de ensayos clínicos y la zona en la que se reetiquetan los medicamentos para que conste en cada unidad toda la información, completan el servicio de farmacia, que cuenta además con un área de atención y dispensación con consultas para pacientes externos donde se les ayuda en cuanto a instrucciones de administración, conservación o toma de los tratamientos de ámbito hospitalario, los que no pueden ser dispensados en las farmacias de calle. Cada año este área incrementa su actividad por medicaciones nuevas para enfermedades como la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple o la psoriasis. Farmacia también tiene su espacio en el hospital de día de oncohematología, donde se atiende a los pacientes para que accedan con mayor comodidad a sus tratamientos.

 Farmacia generó cerca de 30.000 preparados intravenosos en el 2018

Cuando se habla de sanidad, las cifras suelen ser rimbombantes, y el servicio de Farmacia del HULA no es la excepción. Explica Víctor López que solo en el 2018 en el servicio se prepararon 29.822 mezclas intravenosas y preparados de nutrición parenteral (estas fueron unas 5.000), la que se administra a pacientes con incapacidad para alimentarse por vía oral. La mayor parte fueron medicamentos oncohematológicos, dado que cada paciente necesita dosis diferentes que hay que adaptarle.

Desde el HULA se atendieron las necesidades de 8.622 pacientes externos dispensándoles medicamentos para patologías como la hepatitis o la artritis reumatoide, y se atendió a más de 1.200 residentes de centros sociosanitarios.

Con todos se trabaja de la misma manera: buscando la eficacia, la seguridad y la eficiencia, y para ello apuestan por lo que Dolores Basanta y Víctor López denominan conciliación. «Es hacer que toda la medicación tenga un sentido, que no haya incompatibilidades, duplicidades o que pueda faltar algo. Que cumplan con su objetivo terapéutico», defienden.

La colaboración entre los profesionales implicados en el cuidado de la salud es la otra pata de la ecuación, y un ejemplo es el trabajo en el seno de comités.

A nivel de inversión, la farmacia hospitalaria atrae un 40 % del gasto corriente de la EOXI de Lugo y en concreto la del Lucus Augusti copa el 75 % de todo ese gasto en farmacia hospitalaria del área de Lugo, Cervo y Monforte.

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