La abuela Blanca, protagonista del imán de la Guardia Civil de Lugo

Familiar del agente del Plan Mayor de la Comandancia, vio en ella el perfil clave para ser la imagen del Cuerpo


LUGO/ LA VOZ

Su nombre original era Carmen Santos Gómez pero todos le llamaban Blanca. Nacida en otoño del año 1923 en Celeiro e hija del propietario de la conservera «La Cillerense», es la protagonista de los 4.000 imanes que la Guardia Civil de Lugo repartió hace meses y que desde entonces lucen en nuestras neveras.

El objetivo principal de la estampa - que incluye el 062, número directo para comunicarse con la Comandancia-, es que el ciudadano la coloque en un lugar visible de su domicilio y en caso de necesitar a la Guardia Civil contacté directamente con ella a través del COS.

Abuela política de Héctor Méndez, el agente y psicólogo que se encarga de impartir por todos los concellos las charlas del Plan Mayor, Blanca no llegó a verse reflejada en este imán dado que falleció antes de que se imprimiera. Murió el día 23 de diciembre del año pasado. «A la hora de elaborar el imán buscamos una persona y un núcleo rural que identificara nuestra provincia. Me vino a la mente la abuela Blanca porque daba totalmente el perfil. Se lo comenté y le encantó la propuesta. Nunca imaginó ser la imagen de la Guardia Civil en este proyecto. La foto se hizo el día tres de noviembre y llegó a verse en una imagen que saqué al boceto antes de ir a la imprenta, pero nunca en el imán como tal», explica este agente, que muestra su orgullo de que la abuela de su esposa se convirtiera en la imagen del Plan Mayor de Lugo, cuya finalidad no es otra que ayudar y proteger a todos los mayores.

La abuela Blanca tuvo siete hijos y cuidó a ocho, dado que se casó con un varón al que le había fallecido su esposa dando a luz. Ahora tenía diez nietos y siete biznietos. «Ella siempre decía que había parido siete hijos pero que había criado a ocho. Era muy buena mujer, inteligente, y tenía mucha memoria. Le recordaba a su padre los números de teléfono, trabajos, encargos y detalles de los clientes. Otras de sus cualidades que van ligadas a todos los que formamos parte del Cuerpo», recuerda Héctor Méndez, quien también destaca su fuerte pero divertido carácter y su defensa de los derechos de las mujeres.

La abuela Blanca, a la que le encantaba pintar y escribir poesía, era una persona muy familiar y dicharachera. «De hecho le llamaban Blanca porque este nombre venía de una trapecista de la época que se llamaba así y era muy divertida. Con sus biznietos jugaba a un juego en el que escondía en una de sus manos una moneda. Tenía facebook y una tablet propia y siempre lamentaba que la era de las redes sociales y nuevas tecnologías le llegara tarde», explica este agente, quien muestra su orgullo de que esta familiar represente al plan que se encarga de velar por los mayores de la provincia.

Hija de un empresario trabajó como una más en la conservera

Pese a ser la hija del propietario, la abuela Blanca, que tenía seis hermanos, enlataba sardinas como una empleada más. En la capital lucense, ciudad donde residió tras contraer matrimonio, no pasaba desapercibido su arte ante los fogones. Su forma de elaborar los callos sorprendía a todos los paladares que acudían a dos de los establecimientos hosteleros.

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