«Para mí, Fidel Castro fue un ídolo»

Gilberto Aponte Domínguez, el mito del motocrós cubano que vive en Lugo, visita la casa natal de la familia de Fidel y Raúl y explica cómo es su adaptación a la vida en Galicia

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Gilberto Aponte campeón de motocrós cubano asentado en Lugo visita la casa natal de la familia de Fidel Castro Gilberto Aponte campeón de motocrós cubano asentado en Lugo visita la casa natal de la familia de Fidel Castro

Pablo Gilberto Aponte Domínguez, mito del motocrós cubano y campeón panamericano, no se lo pensó en el 2015 cuando decidió cruzar el charco y dejar con dolor su amada Cuba para instalarse con su familia en Lugo y comenzar una nueva aventura en una vida llena de golpes, tanto físicos por la actividad deportiva, como personales, por la dificultades para salir adelante.

La adaptación de Aponte a la nueva vida lucense no ha sido fácil, aunque reconoce que el acogimiento y cariño que ha tenido de la gente de Lugo es imposible de devolver. El pasado año sufrió un accidente laboral del que está intentando salir como puede (con secuelas en un rodilla) y, como muchos lucenses, es víctima de los retrasos en el juzgado de lo social de Lugo por una reclamación por su accidente.

Pero a pesar de este contratiempo se siente un privilegiado. Tampoco olvida con orgullo su pasado cubano y lo que significó Fidel y la revolución para su vida. «Para mí es un ídolo, un tipo que se enfrentó a Estados Unidos, siempre lo admiré por su valentía», explica Aponte delante de la casa donde nació el padre de los Castro, en Armeá, Láncara.

«Tenía muchas ganas de venir a ver los orígenes de Fidel y de Raúl, para los cubanos es un lugar especial, especialmente desde que vimos en 1992 por televisión la visita de Fidel y Fraga a la casa. En Cuba aquel día se vivió como un acontecimiento y no quería dejar de venir a ver la casa», explica Aponte delante de la vivienda que ahora se está restaurando para acoger un museo de la emigración y de recuerdo a la figura de los Castro.

Pero aquellos tiempos gloriosos, tanto de él, que pudo viajar por su profesión por numerosos países cuando era difícil que pudiese salir un cubano de la isla, como la prosperidad que vivió Cuba se han acabado. «En los ochenta era un país seguro, con grandes profesionales y buenas condiciones de vida», señala Aponte, quien aún hoy recibe el cariño y el apoyo de sus vecinos y amigos de la isla a través de las redes sociales. Reconoce que la partida de Cuba le afectó psicológicamente no solo por dejar atrás su modo de vida y comenzar casi de cero, sino por los recuerdos de cuando era campeón y querido por sus paisanos.

Aponte se deja fotografíar delante de la casa familiar de los Castro. Entra en ella y la recorre en su interior con respeto y admiración, a la vez que le vienen los recuerdos y la emoción de tantos años siendo un ídolo para muchos jóvenes cubanos. «Comencé mi carrera con una CZ, de origen checo, pero luego utilicé Montesa, Yamaha, KTM y Suzuki, con la que más campeonatos gané». Entre 1981 y 1987 fue campeón cubano de motocrós en las categorías de 125 y 250 centímetros cúbicos y alcanzó el campeonato panamericano, además de acudir a citas internacionales por Europa, tanto en los países del bloque comunista como de occidente.

Fue en esos viajes donde Aponte comenzó a fantasear con la posibilidad de algún día conocer las tierras de sus antepasados. En España nacieron sus abuelos, con raíces en Galicia, Extremadura y Canarias. Y en Italia también tiene antepasados por parte de su madre. «Algún día intentaré ir a los sitios donde vivieron mis abuelos», explica con emoción.

Ahora, Aponte, que tiene la nacionalidad española, intenta sobrellevar como puede su lesión en la rodilla. Su mujer, Marleen, aunque profesora de formación, trabaja en una restaurante, tiene solicitada la nacionalidad española ya que también sus antepasados nacieron en España, aunque por culpa de los retrasos en la concesión de permisos de momento no la ha conseguido.

No sigue ligado al mundo del deporte, aunque sí reconoce que como aficionado sigue las carreras de los pilotos españoles y, en concreto, del lucense Jorge Prado. «Me hubiera gustado conocerlo cuando se le hizo el homenaje en Lugo, porque yo creo que la gente no valora lo que ha conseguido, pero es muy difícil llegar a ser campeón del mundo», explica Aponte, quien recuerda que en su momento los grandes fenómenos del motocrós eran los belgas, como el cuatro veces campeón del mundo Harry Everts, contra quien compitió.

Ahora, a sus 57 años, ya abuelo, intenta disfrutar de Lugo, «una ciudad tranquila y cómoda», pero con su corazón y su pensamiento en su amada Cuba.

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