Cuando el arte se convierte en platos

Alejandra Iglesias y Rebeca López estudiaron Belas Artes y ahora crean piezas únicas en cerámica, loza, textil y papel


lugo / la voz

Mi madre no me deja. El nombre tiene tanto gancho como lo que se esconde tras la puerta cuajada de estrellas del espacio que ocupa en el CEI Nodus: una firma de artesanía en la que cada pieza es un derroche de creatividad y magia. Objetos cotidianos en los que dos artistas vuelcan la creatividad que bulle en su interior.

Alejandra Iglesias y Rebeca López son las mentes y las manos que insuflan vida a cada objeto de porcelana, loza, textil y papel que sale de su taller-tienda. De pequeñas sus mentes revoloteaban constantemente intentando crear, expresar algo a través de las manos, así que decidieron estudiar Belas Artes, no sin antes escuchar el ‘iso para que serve?’. Pues bien, a ellas les ha servido para labrarse un futuro.

«Cando rematamos os estudos a idea que tiñamos era achegar a arte á vida diaria, ao cotiá, a través de obxectos como vaixelas, xoiaría ou fulares». Detectaron que en Galicia había un hueco en el mercado para ese tipo de objetos. Se formaron en cerámica y serigrafía y entre las primeras cosas que crearon estaban unos preciosos platos ilustrados. «A idea era facelo a nivel decorativo, pero comezaron a preguntarnos se podían lavalo no lavavaixelas e nós diciámoslles que si», recuerda Rebeca. Vieron que sus piezas podían tener más de una vida. Llegaron las peticiones de vajillas completas y la rueda comenzó a girar.

Piezas experimentales

Platos con bordes irregulares, tazas, boles, animales serigrafiados, dibujos geométricos, vegetación... todo tiene cabida en Mi madre no me deja. Cada pieza es única, como la carta de colores que crearon específicamente para sus trabajos. Pero sus creaciones van más allá a la mesa. Inspirándose en unos exvotos de cera dieron forma a colgantes muy especiales. «Quizais na parte figurativa os colgantes é un traballo máis interior», dicen las creadoras, una especializada en escultura y la otra en pintura.

Cuentan Alejandra y Rebeca que su producto no es para todos los gustos. «Por exemplo, creamos pezas rotas, non esmaltadas por completo, o borde rompémolo a man. Todo isto é descontrolado, non sempre é igual, e para nós iso é parte da creación, non é un proceso industrial». Todas las piezas son complejas. Se crean a conciencia y, cuando se solicita, se personalizan a medida del cliente.

Las ferias y las pop up store, tiendas efímeras, se convirtieron en el escaparate que necesitaban sus creaciones. Allí mostraban su trabajo y también lo explicaban, porque se dieron cuenta de que cuando las creaciones son tan especiales, la gente quiere saber cómo se forjan, dado que se genera una conexión.

Algunos de sus diseños ya han cruzado el charco y a través de Artesanía de Galicia han expuesto en una feria en Escandinavia y muy pronto volarán a Londres. Aunque recuerdan que la vida del emprendedor es un camino con baches constantes y extenuante en cuanto a burocracia, reconocen que están orgullosas de lo que han sacado adelante, después de haber hecho oídos sordos a quien dudaba de su proyecto. ‘Quen vai vivir de facer vaixelas e debuxos?’. Pues ellas.

«Unha peza lévanos dous ou tres meses, o proceso é moi lento»

¿Por qué Mi madre no me deja? «Pareceunos un nome divertido que crea empatía e co que xa rompes o xeo», explican Alejandra y Rebeca, que huyen de etiquetas a la hora de definirse. «Somos un pouco de todo e un pouco de nada. Artistas é como moi grande; artesán quizais non temos a experiencia que conleva iso; creativas, pois todo o mundo ten creatividade», razonan entre risas las emprendedoras.

Su trabajo tiene una doble arista. Es milimetrado pero tiene el punto caótico del torbellino que supone la laboriosa creación. «Por exemplo, pensamos a forma dos pratos e facemos un molde. Ese no que fas o molde pérdese. Estiras a masa de porcelana, e se queres facerlle texturas, tes que darllas antes. Logo vai ao molde, con teas para que engurren máis, e quitámolos antes de que collan a forma de todo», describen. Sus platos, por ejemplo, tienen textura en la parte interior y en la exterior. Antes de que seque la pieza, rompen los bordes. «Aí hai unha parte de azar, ás veces romper demais».

Luego llegan un secado de quince días, horno, esmaltado, y de nuevo al horno. Al cabo de unos días lo decoran, preparan la serigrafía de forma manual para trasladar a los platos, y al fin se ve el resultado. «Unha peza lévanos dous ou tres meses, o proceso é moi lento», describen. Paciencia y meticulosidad se dan la mano en una firma que ya ha hecho trabajos como personalizar unos platos para el chef Juan Crujerias o crear recipientes para la Granxa Vilane.

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