Crecen en un 200 % los venezolanos atendidos por el Banco de Alimentos

La presidenta de la entidad en Lugo, Amadora Núñez, lo achaca a la situación del país


LUGO / la voz

Cerca de 200 familias venezolanas afincadas en Lugo reciben ayuda del Banco de Alimentos. Amadora Núñez, la presidenta de la entidad, lo achaca a la crisis política que azota al país desde el 2013. «Muchos vinieron en situaciones dramáticas y necesitaban de todo», argumenta. Cifra su aumento en un 200 % y asegura que entre ellos y los cubanos que llegaron recientemente han desbordado sus previsiones. «¿Y qué? De momento vamos cumpliendo».

Tienen déficit de pasta y de arroz. «Es de lo que vamos más justitos», cuenta Núñez. Han buscado debajo de las piedras y hoy, a las 11.00 de la mañana, reciben un cargamento adicional donado por Vegalsa-Eroski. Es un 4 % sobre los 5.500 kilos recaudados por la entidad benéfica en los establecimientos de la empresa durante el 2018. «También tenemos mucha necesidad de leche, pero gracias a las lácteas vamos capeando porque nunca permiten que nos quedemos sin ella», dice con agradecimiento.

Atienden al mes a 10.100 personas de la provincia, «según el último control de la Xunta». De ellas, 560 son niños lactantes menores de tres años y 980 tienen menos de 12. «Que un niño se lleve una caja de galletas de chocolate y tres bolsas de patatas fritas, que ya sé que es colesterol y azúcar, es muy gratificante porque te cuentan que al día siguiente pueden ir con las chucherías al colegio y sentirse normales», explica Núñez. Repartieron a lo largo del año pasado 2.680.222 kilos de alimentos, «más o menos lo mismo que en el 2017. Solo en leche hemos distribuido 527.000 litros en el 2018». Sobreviven gracias a que «hay gente muy solidaria». Amadora Núñez empieza a enumerar las empresas que les ayudan mandándoles alimentos y la lista es interminable. También muchos particulares les llevan comida. «Hoy nos llamó un señor que podía prescindir de cinco cajas de patatas y hace unos meses otro nos trajo calabacines que eran una enormidad, esos no sirven para mandarlos a las familias, pero sí a los centros».

Son 25 los voluntarios se encargan del reparto en Lugo capital, «en Monforte y A Mariña hay más», desgrana Amadora Núñez. La mayoría de las colaboradoras son mujeres, 20 de los 25, y cuenta la responsable de la entidad que son profesionales de lo más diversas, «tenemos una farmacéutica, cocineras o amas de casa». Los repartos los coordinan a través de Aviva y Dignidad, dos instituciones que se encargan de distribuir la comida a las familias, también atienden a 54 centros de toda la provincia entre asilos y residencias para menores. «Nosotros recolectamos los alimentos y los clasificamos, después los pasamos a la nave de reparto, que está pegada», dice por las instalaciones ubicadas en el polígono de O Ceao.

Sin buses el pasado martes

El pasado martes, festivo en Galicia, hicieron su reparto normalmente. «Te puedo decir que no hubo autobuses para venir hasta aquí y la gente venía caminando desde la ciudad a buscarse la comida. Los tengo visto venir con niños de la mano», relata Núñez.

«Se nota que lo peor de la crisis ha pasado, la gente no viene con la misma desesperación»

Lo peor de la crisis económica ha pasado. Lo notan en el Banco de Alimentos de Lugo, tal y como reconoce su responsable. «Hombre sí se nota, la gente ya no viene con la misma desesperación ni angustia», cuenta Amadora Núñez. «Entonces venían contando que en su casa no tenían ni unos granos de arroz para echar en un agua y hacer una sopa, afortunadamente de eso ya no hay. Hemos procurado ir cubriendo los casos más dramáticos, aunque sea con alimentación básica y humilde», recuerda.

 

Casos de fraude y mujeres

Le hierbe la sangre cuando se le pregunta por casos de fraude. «Hay gente que dice que vienen personas a las que esto no les hace falta, que son unos cutres. Nosotros pedimos mucha documentación, ¿que alguien te puede colar alguna cosa? No digo que no, también se la cuelan a Hacienda y ellos tienen inspectores bien preparados», dice rotunda Núñez. Reconoce que «alguno puede venir que no tenga necesidad, aunque ese es el más pobre de todos, que ni se da cuenta de que eso está mal, pero el 99,9 % de la gente que viene a nosotros lo necesita y mucho. Yo creo que es preferible que un culpable te la cuele a que se lo hagas pagar a un inocente». Priorizan mujeres precisamente para evitar la trampa. «Esto lo hacemos desde un principio, nos dimos cuenta de que algunos hombres llevaban parte de los alimentos a la mujer y los niños y el resto iba a otro sitio. Es más difícil que una mujer le quite la comida de la boca a sus hijos. Además, si la pareja se rompe preferimos que tengan ellas el control», dice.

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