Un padre lleva juguetes a la jueza que no le deja ver a su hija para que se los dé

La magistrada rechazó la entrega que le propuso el procurador del afectado


lugo / la voz

Un padre lucense, que tiene prohibidas judicialmente las visitas a su hija menor, se presentó hace unos días en los juzgados de la capital para tratar de que la pequeña no se quedara sin los Reyes. Fue con el coche y el paquete hasta la Praza de Avilés y citó a su procurador para que llevase el regalo de la pequeña a la jueza y fuese esta la que garantizase su entrega. La intención se quedó solo en eso porque en el juzgado no aceptaron recibir el juguete.

El autor de la iniciativa explicó que eligió esa fórmula porque desconoce el domicilio de la madre, que se ocupa de la pequeña y porque hace tiempo que tiene cortadas las visitas que realizaba semanalmente en el punto de encuentro. Esta decisión, dijo, basada en informes de las psicólogas y validada por la jueza, la considera totalmente arbitraria.

La historia que afecta a este hombre y a su hija es larga. Comienza, según explicó, cuando rompió la relación de bastantes años que mantenía con su pareja. Eso se produce, recordó, a raíz del nacimiento de la hija. La relación se fue distanciando y complicando hasta el extremo de que el padre tuvo que recibir tratamiento psicológico porque, dice, la madre no aceptaba que él estuviese con su hija, «a la que ni tan siquiera puede ver crecer». Mi pareja me recordaba constantemente que me apartara y abandonara a la niña. Ella no quiere saber nada de ti, me repetía constantemente la madre», apuntó.

La situación entre ambos fue empeorando hasta el extremo, dice él, que llegó a ser amenazado con denuncias por supuestos ataques por su parte, «que, en ningún caso, se produjeron». En ocasiones el padre, recuerda, tuvo que acercarse a la pequeña con testigos para poder verla.

«No me permite disfrutar de ella. Ni tan siquiera probarle la ropa que quería comprarle», apuntó el padre. La situación desembocó en la interposición de una demanda judicial, en mayo del año pasado para reclamar su derecho a poder ver y estar con la pequeña. «Cuando la madre conoció la denuncia, se ofreció a mostrarle a la pequeña, posiblemente para que me volviera atrás. Más adelante me advirtió que, hasta los 11 años, no me la podría llevar».

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