El barrio de A Residencia busca una segunda oportunidad después de ocho años oscuros

Dolores Cela Castro
dolores cela LUGO / LA VOZ

LUGO

ÓSCAR CELA

Cerraron 56 negocios del entorno, contados uno a uno por la asociación de vecinos

17 dic 2018 . Actualizado a las 17:51 h.

El mes próximo se cumplen ocho años del traslado de los pacientes del Xeral al HULA. Desde entonces y hasta ahora, el edificio, inaugurado en julio de 1972, ha permanecido vacío y a la espera de que comenzaran las obras de demolición. A partir de enero de 2011, en que quedó libre la última habitación, cerraron 56 negocios del entorno, contados uno a uno, por la Asociación de Veciños de A Residencia, que preside Cecilia Vázquez. Alguno nuevo se creó como una lavandería, pero no equilibraron la sangría. También abrió temporalmente un bar, que cerró poco después y está probando suerte otro establecimiento de hostelería, que se puso en marcha después de 25 años sin actividad, en la calle Monte Penamaior.

OSCAR CELA

La retirada de las vidrieras de la capilla del Xeral, trasladadas a un almacén del Sergas fuera de la provincia, generó lágrimas entre algunos vecinos. Las de unos, de alegría porque marcaban el inicio de las obras para un ambicioso proyecto que reconvertirá el barrio y que permitirá que recupere parte de la actividad perdida. Otros, como Mercedes -no quiso fotos ni facilitar su apellido- lloró cuando vio retirar las vidrieras. Quiso dejar constancia de que no estaba conforme con el hecho de que el Xeral fuera derruido. «Xa non vai ser o barrio da Residencia, coma se chamou sempre, porque desaparecerá. Pasará a ser o barrio do nabo de Lugo, supoño», añadió con cierto resentimiento.

A raíz del cierre del Xeral -solamente quedó el centro de día de salud mental, que se trasladó con posterioridad- dejaron de funcionar tres aparcamientos. El letrero de se alquila o se vende cuelga en alguna de las puertas. Uno de ellos acogió una temporada el Banco de Alimentos.

Culpan a los políticos

Pese a que ahora es fácil encontrar sitio para dejar el coche, algo que antes no ocurría, sobre todo por las mañanas, lo que constituyó una fuente de ingresos por multas para el Concello de Lugo, los vecinos echan de menos la actividad que generaba a su alrededor el complejo hospitalario. «Estamos máis tranquilos -comentó una vecina- pero era mellor que houbese xente porque está deserto todo, sobre todo polas noites».

Un comerciante que consiguió sobrevivir a la etapa oscura y que participó en las movilizaciones para reclamar una solución para el complejo cerrado, asegura que fue necesario esperar ocho años para que se empezaran a cumplir las promesas. Este hombre, que prefiere que no aparezca su nombre, responsabiliza a los políticos de esta situación. «¿Por qué estamos así -reflexiona- por la política y porque todos quieren apuntarse tantos. Los partidos que se manifestaron con nosotros hace meses son ahora los que cuando tienen oportunidad de votar en el Concello de Lugo para que se haga algo, dicen que no».

Medidas con retraso

Tanto este empresario como su esposa creen que para evitar que el barrio se encontrara en esta situación, el Sergas tendría que haber tomado medidas antes. «Cuando se llevaron la última cama -señaló la mujer- era el momento de desdoblar el centro de salud de A Milagrosa». Según aseguró, conoce gente mayor que ha renunciado a hacerse analíticas porque tienen que bajar por una rampa impracticable, tanto caminando, como en silla de ruedas. «Dejaron que se deteriora todo y ahora va a costar mucho más rehabilitarlo».

La imagen de la izquierda es una recreación de cómo quedará el antiguo complejo. En la zona de la antigua Escuela de Enfermería irá la oficina de empleo. El centro integral de saúde, en el antiguo materno y detrás la incubadora de empresas relacionadas con drones y el centro de biomasa. A la derecha, la residencia de mayores, que levantarán sobre el solar del viejo hospital Xeral, que empiezan a derribar.